Cuando Donald Trump se presentó a las últimas elecciones, en 2024, y las ganó, prometió bajo su famoso eslogan hacer "grande de nuevo a América".
Más allá de las estrategias políticas, el magnate y candidato republicano ganó en las urnas sobre todo por convener a la América obrera, la del famoso "cinturón industrial".
Es decir, los trabajadores más humildes, de estados como Illinois, Indiana, Michigan, Misuri, Ohio, Pensilvania... apostaron por Trump para crear empleo y fortalecer la industria y el tejido empresarial estadounidense frente a las amenazas asiáticas.
Actualmente, la tasa de desempleo es del 4,6%, cuando en 2024 era del 4,1% y en 2023 del 3,8%. Está subiendo especialmente entre los jóvenes, menores de 25 años.
En noviembre, la tasa de paro subió 2 décimas (del 4,4% al 4,6%), siendo la cifra más alta desde septiembre de 2021, en plena pandemia y sus consecuencias económicas.
Su popularidad se hunde
Pero casi un año después, Trump no ha conseguido sino descender en apoyos e intención de voto, con una tasa de popularidad por los suelos.
Según los últimos sondeos, la aprobación ciudadana a la gestión de la Administración Trump cae al 39%, cuando tenía un 47% hace un año. Hasta los medios afines, como 'Fox', comienzan a abrir un enfoque crítico a su gestión.
Y sin duda que el gran protagonista ha sido su política sobre los famosos aranceles, que querían franar las importaciones asiáticas y europeas y fortalecer la industria nacional.
Sin embargo, ni crece la industria local ni el empleo. El 33% de los ciudadanos cree que Trump se ha equivocado con su estrategia agresiva de aranceles.
Además, sólo el 28% considera que el coste de la vida ha mejorado para ellos en cuanto a la inflación.
Sólo el 72% de los estadounidenses que reconocen haberle votado en 2024 lo harían ahora, reconocen en las encuestas.
El 76% cree que la economía del país va peor ahora que con Joe Biden (2021-2025) y una administración demócrata.
Trump apostó por una política antiimigración, culpando a los indocumentados de quitar el trabajo y el pan de los nacionales, pero la realidad es que ni ha crecido el empleo ni hay menos paro para los ciudadanos de EEUU. Es un dato irrefutable.
Lejos de eso, Trump, sin aceptarlo, ha relajado las persecuciones migratorias y ha rebajado muchas tasas arancelarias de productos alimentarios de fuera. Porque más allá de las palabras, su equipo ha visto cómo era necesario producto extranjero para satisfacer la demanda interna.
Mientras, el presidente ahora ahoga al país a conflictos bélicos como el nuevo ahora posible en Venezuela y los de Gaza y Ucrania sin resolver. Se están percibiendo como cortinas de humo para que la opinión nacional se distraiga en cuestiones foráneas y fortalecer los eslóganes patriotas y la identidad propia, aunque sacudirán más si cabe a las arcas públicas.
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