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Tres orejas para el madrileño y una para Castella

El Juli salió a hombros del coso neomudéjar albaceteño
El Juli salió a hombros del coso neomudéjar albaceteño

Feria de Albacete: triunfo de un entregado Juli y petardazo de un Ponce desconocido

miércoles 18 de septiembre de 2013, 08:31h
Cinco toros de DANIEL RUIZ, mal presentados en general excepto 2º; mansos, con 2º y 5º encastados, nobles y flojos. 3º, sobrero, de EL TORREÓN, sustituyendo a uno del hierro anunciado que se lesionó en el primer tercio, manso y parado. ENRIQUE PONCE: división; división tras leve petición. EL JULI;.dos orejas; oreja. SEBASTIÁN CASTELLA: silencio; oreja. Plaza de toros de Albacete, 17 de septiembre, 10ª y última de Feria. Lleno con cartel de 'no hay billetes'. 

'Hace tiempo que vengo al taller y no sé a qué vengo'. El estribillo zarzuelero sirve a la perfección para aplicarlo a un indudable mandamás de la tauromaquia las dos últimas décadas, Enrique Ponce, pero que fue una caricatura de sí mismo y pegó un petardazo, una traca valenciana, importante en el cierre del abono albaceteño, al que no se sabe a qué vino. A la par que un Juli con hambre de triunfos y entregado a tope se llevaba tres trofeos, tres, del ya habitual facilongo palco presidencial, que ocupaba Joaquín Coy.

A punto estuvo de cumplirse el aserto de 'corrida de expectación, corrida de decepción, porque el ganadero local Daniel Martínez, propietario de la divisa de Las Ramblas, seguro que a petición de esta terna de figuras, a veces figuritas, a veces figurones, envió un encierro bochornosamente impresentable, a ver si colaba. Pero no coló, y sólo tres superaron el reconocimiento, por lo que su dueño, herido en su orgullo, ¿...?, decidió llevarse toda la corrida. Y entró en su lugar otro paisano, su tocayo Daniel Ruiz, que había triunfado días antes, indulto -de otro usía más faclongo, Luis Natalio Cuesta, con un conjunto de bicones -por cierto varios sospechosos y uno, el cuarto, casi convicto y confeso- escasos de trapío. Y uno se pregunta, ¿cómo serían los rechazados?

Labores ortodoxas y creativas

Dos de ellos, el lote de El Juli, sacaron casta en la muleta y su oponente, con rabia novilleril y profesionalidad máxima, les pudo y sacó partido en sendas faenas poderosas, ortodoxas, variadas y hasta con un punto de creatividad que calaron hondo en el cotarro, pero con su habitual defecto de ventajismo en el embroque, algo así como citarlos desde el torerísimo pueblo de Tarazona de la Mancha -la mejor y más entendida afición de la provincia, el más popular y brillante carnaval, sí, lo que a veces semeja la Fiesta, ¡ay!-, que dista 35 kilómetros de la capital.

Los de Ponce no se comían a nadie; bueno, sí, a él, que deambuló forzado, crispado, cual si realizara los siete trabajos de Hércules, y teatrero con ambos, esturreando sus (intentos de ) pases por diversos terrenos del ruedo, Y, lo que es peor, citando desde Murcia -150 kilómetros-, de donde venía de triunfar. Y, lo que es todavía más lamentable, endilgándoles sendos sartenazos -léase bajonazos- a la hora de despenarlos, de los que presumió muy ufano y olé. O 'desolé', y perdonen el 'palabro'.
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Bien El Juli, mal Ponce, de Castella pongamos que se quedó a mitad; o sea, mediocre. Eléctrico y vulgarote en el tercero, al menos se entendió algo más en una labor aseada y entregada con el que echó cerrojazo a un buen y largo ciclo albaceteño. En el que volvió a destacar el trapío del toro excepto cuando aparecieron las figuras, ya con altibajos pero siempre en un nivel superior al resto de cosos semejantes e incluso que algunos de primera. O sea, el tuero en el país de los ciegos. O sea, es lo que hay.

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