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‘La villana de Getafe’, un Lope sorprendente de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico
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‘La villana de Getafe’, un Lope sorprendente de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico

sábado 21 de mayo de 2016, 19:22h

Proclama frecuentemente Helena Pimenta, la directora de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC), que el secreto del éxito de los montajes que se presentan en ese templo del teatro del Siglo de Oro español -y últimamente, también, de otros teatros europeos- puede explicarse porque en ellos se ha perdido el miedo a los clásicos, aunque nunca el respeto. Un ejemplo palmario de esa tendencia puede encontrarse ahora en la versión de ‘La villana de Getafe’, una de las obras menos conocidas y representadas de Lope de Vega que se ha puesto en pie con 17 actores de la Joven CNTC, la cantera de jóvenes actores de la compañía, todos ellos menores de 26 años, pero con un recorrido, una pasión y una profesionalidad contrastables, que ya quisieran para sí muchos otros de sus compañeros mayores.

Dirige el montaje de ‘La villana de Getafe’, penúltimo de la temporada de la CNTC, un Roberto Cerdá osado, lleno de recursos y pleno de aciertos en sus decisiones de director de escena que, a su vez, ha partido de una estupenda versión actualizada del texto de Lope, firmado por Yolanda Pallín. En la aventura le han acompañado nombres tan reconocidos de la escenografía, del diseño de iluminación, y de la creación musical como Ana Garay (diseñadora también del moderno vestuario), Pedro Yagüe, y Mariano Marín, respectivamente.

La escenografía, antes de iniciado el espectáculo, impacta -y más negativa que positivamente-. Se trata de una estructura de dos pisos con una azotea sobre el último, que recuerda la que puede verse en algunos polígonos industriales de nuestra época en las afueras de cualquiera de nuestras ciudades. Pero la pronta transparencia de sus frontales, y la iluminación también atrevida de Yagüe (muy colorista, llena de verdes, amarillos, violetas…), que permiten mostrar simultáneamente varias escenas y en dos planos, dentro y fuera de esos habitáculos -muchas veces congeladas, salvo la principal- y con proyecciones audiovisuales (de Tolo Ferrá) en el cuerpo central de las mismas, cambia radicalmente esa primera impresión. Y, si a ello le sumamos la magnífica música de Marín, el cocktail es perfecto, ya que este se ha atrevido a mezclar sonidos de corte clásico (fundamentalmente, con sonidos de piano), algún que otro rap y chill out, entonces se cierra el círculo de la perplejidad previa convertida ahora en perfección.

Y en medio de todo ese paisaje físico y sonoro, los ya señalados 17 actores jóvenes de un nivel altísimo, que representan 32 personajes, de todos los cuales podríamos subrayar más de una virtud, pero que lo haremos únicamente apuntando a Paula Iwasaki, Inés (la villana de Getafe), dúctil, camaleónica, atrevida, ocurrente y con una voz y un habla envidiables; Ariana Martínez, doña Ana, cortesana frívola, pija y “finolis”, frente a la rústica y avispada villana; Mikel Aróstegui, don Félix, mujeriego, interesado y donjuanesco; Marçal Bayona, como Lope, amigo de Félix; y Carlos Serrano, Hernando, criado y enamorado de Inés. Y podríamos incluir aquí a sus 12 restantes compañeros que, como digo, están también estupendos y dejan traslucir muy bien los duros ensayos de los últimos meses, y la mano siempre decidida, suave pero firme y concreta de Vicente Fuentes como asesor de verso, y la de Marta Gómez en el espléndido movimiento escénico y coreográfico.

Aunque escrita en el Siglo de Oro, la versión de Pallín ha trasladado a nuestros días esa confrontación de dos mujeres, Inés y doña Ana, por conseguir el amor de un hombre, don Félix, que se deja querer y no desdeña oportunidad alguna de acercarse a cualquiera que luzca una cara agraciada y un contorno tentador. Ellas recurrirán a todas sus artimañas para conseguir lo que desean y, al final, probablemente ninguna de las dos queda enteramente satisfecha, de modo que no es ‘La villana de Getafe’ una de esas comedias de Lope en donde triunfa el bien frente al mal, el honesto frente al ruin. Los personajes aquí van también ataviados con indumentaria de nuestra época, y claramente marcada en función de la clase social a la que pertenecen: los plebeyos, los integrantes de las clases populares, con atuendos más funcionales, de tejidos más fuertes y prácticos y, de colores grises y homogéneos, y los hidalgos y cortesanos, refinados vestidos, con clase, de tejidos suaves y elegantes, y colores más vivos, como corresponden a su clase (preciosos los trajes de doña Ana). Unos y otros coquetean con las drogas (hierbas o coca, que también en ese territorio hay diferencias…).

Las poco más de dos horas de representación constituyen una verdadera delicia para los sentidos -incluido el del humor…- en un trabajo que ha dirigido con la misma valentía que acierto Roberto Cerdá, el también director de ‘Éxodo’ (http://www.diariocritico.com/noticia/493289/exodo-un-teatro-que-duele.html), que no ha desdeñado aquí tampoco en apuntar a cuestiones sociales y de convivencia entre autóctonos y foráneos, pero siempre con una sonrisa de fondo. El montaje, desde luego, es divertidísimo, y los logros y descubrimientos para el espectador y en todos los aspectos (interpretación, escenografía, luces, vestuario, música, movimiento, dicción del verso…) sorprendentes y continuos. En dos palabras, esta Villana de Getafe es una verdadera delicia.

‘La villana de Getafe’, de Lope de Vega

Versión: Yolanda Pallín

Dirección: Roberto Cerdá

Intérpretes: Ariana Martínez, Mikel Aróstegui, Marçal Bayona, Raquel Varela, Paula Iwasaki, Carlos Serrano, José Fernández, Almagro San Miguel, Alejandro Pau, Miguel Ángel Amor, Loreto Mauleón, Nieves Soria, Marina Mulet, Alfredo Noval, Pablo Béjar, Sergio Otegui y Pepa Pedroche

Ayudante de dirección: Tolo Ferrá

Teatro de La Comedia (Madrid)

Hasta el 12 de junio de 2016
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