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Concierto inaugural, el 13 en Galileo

El pop español, de enhorabuena: vuelven los míticos CRAG, vuelve su mítica 'Señora Azul'

El pop español, de enhorabuena: vuelven los míticos CRAG, vuelve su mítica 'Señora Azul'

Va de mitos. Sí, porque es un disco mítico de un grupo mítico de nuestro pop, que ahora se reedita en formatos vinilo -sí, el también mítico vinilo- CD y CD digital. Y, además, habrá una gira española, que comienza este lunes en otro lugar mítico -va de mitos- la madrileña sala Galileo Galilei. Pongamos que se habla/escribe de Cánovas, Adolfo, Rodrigo y Guzmán (CRAG), quién iba a ser, si no. El pop español está de enhorabuena. Va de mitos. Y se presenta a lo grande, cual corresponde, este lunes 13 en la madrileña sala Galileo Galilei.
Se cumplen 40 años desde que Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán publicaran su mítico álbum "Señora Azul". Para celebrarlo, el  cuarteto publica el 14 de octubre una cuidada edición en formatos VINILO + CD, digital y CD. Cuando apareció el álbum Señora Azul, allá por 1974, algunos lo consideraron una evolución natural de aquel disco de Solera editado el año anterior. La llegada de Cánovas y Adolfo era la mejor manera de limar alguna de las aristas que pudiera haber dejado aquel Lp de Rodrigo y Guzmán junto a los hermanos Martín.

Juan Robles Cánovas venía de haber tocado en los Módulos y Franklin, además de poseer una clara inclinación hacía el teatro. Adolfo Rodríguez aportaba un cierto toque british adquirido en sus años con Los Íberos. Por su lado, Rodrigo García era un codiciado músico de estudio que también había militado en Los Pekenikes, y José María Guzmán tenía un sutil toque adoptado de su adoración por los Beatles. Junto con Rodrigo y los hermanos José y Manuel Martín, había pertenecido al grupo Solera, que el año anterior había grabado su único disco, llamado como el propio cuarteto. Habían encontrado un punto de encuentro, pero la fortaleza de sus cuatro personalidades permitía distinguir cada una de sus aportaciones a esta puesta en común que se convirtió en una especie de calle de cuatro direcciones.

 El exquisito arrope de sus textos, la música y sus armonías dieron una parte de protagonismo a Rafael Trabuchelli, el productor de aquel trabajo y el de una buena parte de las grabaciones de aquella discográfica. Sus modos y maneras dieron lugar a lo que se conocía como Sonido Torrelaguna, por la calle madrileña en la que estaban los estudios. No era precisamente una señora quien pareció representar a ciertos críticos que desde su atalaya sentenciaban a los músicos de la época. Ese fue el verdadero argumento del tema que dio nombre genérico a aquella aventura, "Señora Azul". Pero también encontramos una pieza mágica, "Solo pienso en ti", que ha trascendido casi sin quererlo. Y canciones con la sutileza de "Maria y Amaranta", el despliegue de "El vividor" o "Buscando una solución".

Adelantados a su tiempo

 Era casi perfecto y, sin embargo, aquel disco no tuvo la repercusión comercial que con el paso del tiempo cualquiera entendería. Ahora, nadie duda que Señora Azul sea uno de los discos imprescindibles de la historia de la música española. Su influencia ha ido creciendo con el paso de los años y son muchos y diversos los artistas nacionales que han reclamado ese registro como fundamental en sus vidas.

 Señora Azul se adelantó ostensiblemente a su tiempo, en una época en la que las circunstancias no permitían degustar en profundidad propuestas sonoras de este calibre. El mercado estaba en otras cosas, de tal manera que las apariciones de CRAG en los medios de comunicación fueron tan escasas como históricas y, aunque pueda parecer mentira, nunca tocaron en directo como tal cuarteto. 

 A partir de ahí llegaron las intermitencias. Pero al cumplirse el  trigésimo aniversario de la publicación de este álbum, pudimos conseguir que, por fin, Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán actuaran juntos por primera vez. Hubo un par de conciertos más y, de nuevo, el correr del tiempo. Es muy posible que ni ellos mismo le hayan dado nunca la importancia que aquella aventura mereció y el paso de los años sigue encumbrando. Ahora, 40 años después, Señora Azul merece el reconocimiento de una cuidada reedición. Es el momento de reconocer la importancia de este trabajo seminal que forma parte de nuestras propias vidas.
 
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