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El vuelo mágico de la Virgen María
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El vuelo mágico de la Virgen María

jueves 05 de agosto de 2021, 07:59h

En agosto, el calendario se nos llena de celebraciones marianas. El 5 es la festividad de la Virgen de las Nieves; el 22, la de la Virgen Reina de los Cielos, y el 15, la de María Asunta; asunto -valga la cacofonía- muy enjundioso y que constituye el más reciente de los dogmas que la iglesia católica y otras iglesias cristianas sostienen sobre la madre de Dios.

En 1950 -prácticamente ayer- la Iglesia (se) impuso la obligación de creer que María no falleció, sino que fue ascendida en cuerpo y alma al cielo por mandato de su hijo Jesucristo. Eso de no morirse no es una originalidad cristiana; antes de la Virgen ya dejaron de hacerlo Enoc (Gén. 5: 24) y Elías (2 Reyes 2:11). Desde el siglo IV, los devotos de la Virgen (pueblo y clero llano) no quisieron privarla de tan exclusivo privilegio y a partir del siglo VI, que se sepa, han celebrado ininterrumpidamente la fiesta de su llegada al cielo. No pase usted, pues, por alto las muchas centurias que costó a los fieles conseguir que las jerarquías eclesiásticas les diesen la “razón”.

Desde un plano estrictamente simbólico, un empeño devocional semejante debe poseer raíces profundas, hundirse significativamente en el abismo magmático de nuestra memoria común, allí donde crepitan las imago, las imágenes interiores (la gran madre es una de las más potentes) que pueblan nuestra psique colectiva. De ahí que las religiones se injerten unas en otras y el culto a una divinidad se superponga al de la anterior, no solo debido a la presión externa del poder, sino también a la fuerza y concomitancia de las imago interiores.

En época bizantina, la fiesta de la Asunción desalojó a la de Diana, una de las más importantes de las feriae Augusti, que solía tener lugar el 13 del mes imperial. Ese día las mujeres que durante el año habían depositado tablillas votivas en su templo, invocaban a la diosa para que les procurase buenos partos. Desde mucho antes, en Oriente Próximo, también se festejaba a otra “Gran Madre”, la diosa siria Atargatis, patrona de la fertilidad y la agricultura. Según Alfredo Catabbiani, “su función protectora de las actividades agrícolas fue transferida a la Virgen en los primeros siglos, durante el proceso de evangelización, tanto es así que aún hoy en Armenia se bendice en el día de la Asunción los primeros racimos de uva madura”.

Los evangelios canónicos no mencionan los últimos días de María sobre la tierra, sin embargo los apócrifos “asuncionistas” (siglos IV, VI y XII) sí ofrecen pormenores de las postrimerías de la Virgen, cuyo denominador común le resumo: los apóstoles dispersos por el mundo son transportados en nubes hasta el lecho mortuorio de la Virgen, en cuya casa y alrededores, inundados de ángeles, se obran toda suerte milagros. Los judíos, que detestan a María por considerarla “causante de la ruina de su nación” urden sin éxito numerosas “judiadas” contra ella, tales como robar y/o quemar su cuerpo o incendiar su casa (el antisemitismo de los evangelios asuncionistas es feroz). La perversidad de los maquinadores acabará siendo castigada y muchos de sus correligionarios terminarán abrazando la fe en Cristo, que ha obrado el milagro de la asunción celestial del cuerpo y alma de su madre. En algunos textos, María se queda dormida y no llega a morir (dogma actual), pero en otros imita el episodio de su hijo en el sepulcro. Después de tres, días este es reabierto y hallado vacío. Por cierto, al siempre descreído Tomás, la Virgen se le aparece y le entrega como prueba el cíngulo de su túnica, reliquia que hoy se venera en la catedral de Prato, Italia.

Los cristianos de Oriente Medio también conmemoran la asunción de María o Soúd Al Sayeda (subida de la Señora). En Italia son famosos los festejos de Tívoli, Sassari, Siena, Messina y Guardia San Framonti. Pero donde la asunción de María se celebra más intensamente es en España, sobre todo en Elche. Allí la celebración -que es literalmente “apoteósica”- dura dos jornadas y consiste en la dramatización del entierro de la virgen, el intento de los jerosolimitanos de robar su cuerpo y finalmente, su asunción y coronación en el cielo. Sin duda, es una de la fiestas grandes de la ciudad de las palmeras.

Retornando ahora al aspecto psico-antropológico de la Asunción, le recuerdo que “el vuelo mágico” es uno de los mitos que investigó Mircea Eliade a través de las leyendas de todo el orbe. “Lo primero que nos sorprende en las mitologías y folclores del vuelo mágico son su arcaísmo y difusión cultural” (…) “Se encuentra en todos los sitios y en los estratos más arcaicos de la cultura”. Simboliza la mutación ontológica de quien -por elevación- deja atrás la naturaleza humana (lo que no implica necesariamente divinización). Los vuelos celestes y otros simbolismos paralelos adoptan la forma de experiencias aéreas voluntarias o de imprevistos raptos-apoteosis que permiten al individuo huir de un peligro o superar los límites de su naturaleza mortal y adentrarse en mundos superiores (este último sentido lo ejemplifican los vuelos de los emperadores chinos, las levitaciones de los santos cristianos, el éxtasis ascensional de Zaratustra o el miraj de Mahoma).Es importante no olvidar que en todos los niveles de la cultura, a pesar de las considerables diferencias de contextos históricos y religiosos, el simbolismo del vuelo y de la ascensión expresa siempre la abolición de la condición humana, la trascendencia y la libertad”.

Fíjese si tiene enjundia la asunción de la Virgen, que cuando Pío XII proclamó el dogma (tras recibir ocho millones de peticiones), el psiquiatra C.G. Jung escribió lo siguiente sobre la vehemencia de las masas católicas: “Esta insistencia es, en el fondo, el impulso de un arquetipo para darse vida a sí mismo”. Jung interpretó la proclamación del dogma como la inclusión de un cuarto elemento (el femenino) que completa la trinidad (masculina) y el inicio de un viaje simbólico de la Iglesia hacia la cuaternidad, siempre combatida por la patrística, a pesar de que el símbolo cristiano central, la cruz, es una cuaternidad.

Las iglesias protestantes rechazan las doctrinas marianistas y la Asunción continúa siendo un obstáculo en el diálogo ecuménico entre Roma y ellas. Algunas de estas iglesias estiman que los dogmas de la Inmaculada Concepción y de la Asunción han transformado la Mariología en Mariolatría. Si usted espera mi opinión al respecto, hágalo sentado. Lo mío nunca fue “pontificar”, lo mío es dejar preguntas…en el aire…

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