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'Edith Piaf. Taxidermia de un gorrión': la procesión va por dentro

'Edith Piaf. Taxidermia de un gorrión': la procesión va por dentro

martes 07 de febrero de 2017, 08:15h

Temas memorables de la historia de la música como La vie en rose o Non, je ne regrette rien están eternamente ligados a la voz rasgada y personalísima de la francesa Edith Piaf (1915-1963), la gran dama de la canción del país vecino que no tuvo precisamente una vida color de rosa: hija de artistas ambulantes, su madre dio a luz en plena calle y, siendo aún niña, vivió la abrupta separación de sus padres. Ya joven, tuvo una vida sentimental compleja, cuestión esta que pudo influir en su adicción a los opiáceos. Paralelamente, mostró una actitud valiente durante la ocupación alemana y fue una mujer generosa y desprendida con todos menos con ella misma.

El personaje, su música inmortal y su azarosa vida se presentan ahora en ‘Edith Piaf. Taxidermia de un gorrión’, partiendo de un magnífico texto de Ozkar Galán, en montaje teatral dirigido con extremo tino por Fernando Soto, en la sala Margarita Xirgu del Teatro Español de Madrid.

A la fuerte, hipnotizante y atractiva pero quebradiza personalidad de Edith Piaf, se unen aquí un texto y una puesta en escena subyugantes (la escenografía y el vestuario son de Ikerne Giménez, y laluz de Javier Ruiz de Alegría), que presentan a la cantante enfrentada a una periodista, Camile Schultz, que busca los verdaderos rasgos de la personalidad de un mito endiosado en el que presume que hay una mujer amargada y profundamente infeliz, enganchada al alcohol y a la droga para mantener una apariencia de diva intocable para el común de los mortales (“Soy una diosa. Te reto a que encuentres algo humano en mí”).

El duelo interpretativo de Garbiñe Insausti (Edith) y Lola Casamayor (Camile, aunque duplica también personaje en las figuras de la Abuela materna de Piaf, y en Marlene Dietrich), es de los que dejan huella en el espectador porque sus diálogos son inteligentes, intencionados, sarcásticos o diplomáticos, según convenga en cada momento de la acción, y la interpretación de canciones de la Piaf en directo de Garbiñe son verdaderamentedeliciosas.Y al trabajo de las dos actrices se une el de otro estupendo actor, Alberto Huici, que asume la personalidad dediversas figuras masculinasque inciden decisivamente en la relación de la cantante y la periodista, el Editor de la publicación, el Padre de la artista, y su gran amor, el boxeador Marcel Cerdán

El montaje, desde luego, es genial y la ya dilatada experiencia como director de Fernando Soto queda aquí refrendada ante la dificultad de conjugar los brillantes diálogos de las dos mujeres que ha planteado Ozkar Galán con la inclusión de canciones míticas de la artista, y los saltos en el tiempo (adelante y atrás) en los diálogos entre las mujeres y los hombres que las rodean, que han sido resueltos estupendamente por Soto.

Presumo una larga gira a esta ‘Edith Piaf. Taxidermia de un gorrión’ y, desde luego, no descarto que muy pronto podamos volver a verla representar en cualquier otro escenario del teatro madrileño. La propuesta lo merece y, si no has podido acudir a verla, no lo dudes ni un instante porque este es de esos montajes cuya duración (unos 80 minutos) se hace siempre corta porque uno no está acostumbrado a duelos interpretativos de tan altos vuelos sobre el escenario.

‘Edith Piaf. Taxidermia de un gorrión’

Autor: Ozkar Galán

Dirección: Fernando Soto

Intérpretes: Garbiñe Insausti, Lola Casamayor y Alberto Huici

Ayudante de dirección: José Dault

Producción: Kulunka Teatro

Teatro Español, Madrid

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