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'La hija del aire': Semíramis, la belleza, y el arte del amor y de la guerra

'La hija del aire': Semíramis, la belleza, y el arte del amor y de la guerra

viernes 17 de mayo de 2019, 09:30h

Una nueva versión de ‘La hija del aire’, de Calderón de la Barca (Madrid, 1600-1681), adaptada por el poeta Benjamín Prado, más ágil y actualizada para el oído moderno, pero sin que ello le reste un ápice de poesía o de dramatismo a la tragedia calderoniana, puede verse estos días en el Teatro de la Comedia de Madrid, en donde permanecerá hasta el próximo 23 de junio para marchar al mes siguiente al Festival de Teatro Clásico de Almagro. El montaje está dirigido por Mario Gas, que hasta la fecha no había hecho ninguna incursión como director de escena en el teatro barroco español. El resultado es una propuesta muy interesante, con algún ligero matiz que subrayaremos más adelante.

Con este montaje de un clásico del Siglo de Oro español nunca antes representado por la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC), se cierra su temporada teatral que además es la última de su actual directora, Helena Pimenta, que dejará de estar al frente de la Compañía el próximo mes de septiembre, ya que va a ser sustituida por el actor y director catalán Lluís Homar.

La tragedia está protagonizada por una inmensa Marta Poveda (La dama duende, El perro del hortelano, Los hermanos Karamazov, El idiota…), una actriz de voz muy personal que actúa con una fuerza increíble a través del cuerpo y del gesto, y que llena de aciertos al personaje de Semíramis, la versión femenina calderoniana del Segismundo de La vida es sueño, su otra tragedia cumbre. En la una y en la otra los personajes centrales aparecen cautivos y son el chivo expiatorio de los dioses, y cuyos conflictos personales desatarán después verdaderas oleadas de guerras, tempestades, destronamientos, castigos y muertes.

En la versión de Prado han desaparecido algunos personajes secundarios que el adaptador ha considerado irrelevantes, y que, sin embargo, no han restado un ápice de interés a ‘La hija del aire’, que sigue siendo una tragedia repleta de ambiciones, de poder, de amores, desamores, celos, engaños, orgullos, lealtades y traiciones, que se reparten los 15 intérpretes de la tragedia, y que hacen dar mil vueltas a la historia y que tienen al espectador pendiente de un hilo durante las tres horas de duración del espectáculo (quince minutos de descanso incluidos).

La Semíramis de Marta Poveda transita de la locura a la frialdad extrema, de la miseria más absoluta al poder omnímodo y su sed de mando no cesa hasta el mismo momento de su muerte (“la hija del aire fui / y en él me desvanezco…”), después de haber encerrado a su propio hijo, Nimias (Aleix Peña) y haberlo suplantado ante la corte y ante el pueblo, merced al asombroso parecido que tienen madre e hijo. Magnífica Poveda en el que, posiblemente, es el mejor papel de cuantos ha interpretado hasta el momento. Y, junto a ella, estupendos también Ricardo Moya (Tiresias, el maestro de Semíramis); Agus Ruiz (convincente y enamorado Menón); Germán Torres (Nino, emperador de Nínive, con quien se casa Semíramis por razones de interés); José Luis Alcobendas (astuto Lidoro, traidor y aspirante también al trono), así como el resto del elenco que se pone en los cuerpos y en las mentes de los generales, los soldados y las damas de acompañamiento de la reina.

La poderosa escenografía de Ezio Frigerio hace aún más deslumbrante el montaje: al fondo del escenario una caverna, que luego se hace templo adornado por bellos bajorrelieves, o prisión. Maravilloso el vestuario de Franca Squarciapino, en donde domina el color oscuro de uniformes militares, largos abrigos, casacas y preciosos vestidos de las mujeres. Y otro tanto puede decirse de la iluminación tenebrista de Fiammetta Baldiserri, la videoescena de Álvaro Luna y la música delicada, a veces con toques electrónicos, y el espacio sonoro (multitudes, caballos, sonidos de guerra…), de Orestes Gas.

Y al comienzo hablábamos de un solo pero que ponerle al montaje, y es ese extremo hieratismo de los personajes que ha impuesto Mario Gas por razones que a quien esto escribe se le escapan. Frialdad y quietud que solo tiene una excepción, la de Semíramis, que es dotada de una fiereza, un nervio y una fuerza imparables por Marta Poveda. Los restantes personajes, sin embargo, apenas sí mueven los brazos más allá de treinta grados, y sólo en una ocasión dos de ellos (Lidoro y su hijo, cuando se encuentran después del humillante trato dispensado por Semíramis al hacerlo prisionero), llegan a darse un efusivo abrazo. Con todo, el montaje es hermosísimo, tiene un interés creciente y estamos seguros de que hará las delicias de los espectadores que se acerquen al Teatro de La Comedia a ver la pieza final de esta última y brillante temporada con Helena Pimenta al frente de la CNTC.

‘La hija del aire’

Autor: Pedro Calderón de la Barca

Versión: Benjamín Prado

Dirección: Mario Gas

Reparto: Agus Ruiz / Juan Díaz, Lander Iglesias, Marta Poveda, Ricardo Moya, Germán Torres, Marta Betriu, José Luis Alcobendas, Pietro Olivera, David Vert, José Luis Torrijo, Ariana Martínez, Silvana Navas, Aleix Peña Miralles y Jonás Alonso

Escenografía: Ezio Frigerio con Riccardo Massironi

Iluminación: Fiammetta Baldiserri

Vestuario: Franca Squarciapino

Videoescena: Álvaro Luna

Composición musical y audioescena: Orestes Gas

Teatro de La Comedia, Madrid

Hasta el 23 de junio de 2019

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