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La línea del horizonte
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La línea del horizonte (Foto: Jacobo Medrano)

'La línea del horizonte': un ángel, envidias, miserias y alcornoques

sábado 10 de marzo de 2018, 18:49h

El dramaturgo y cineasta Carlos Atanes sirve en bandeja un excelente texto, al que Joaquín Hinojosa ha sabido encontrar alma y cuerpo levantando un magnífico montaje, que no solo dirige sino que también interpreta junto a Beatriz Arjona. El resultado es ‘La línea del horizonte’, una verdadera delicia de drama que puede verse en los Teatros Luchana de Madrid y que nadie debería perderse.

Hinojosa es uno de nuestros grandes de la escena y en esta pieza ha condensado su experiencia de la vida y del teatro. El tempo que ha querido dar a la pieza es, posiblemente, uno de sus grandes aciertos (suave, delicado, sin agobios…), y, el segundo, la elección de Beatriz Arjona como la joven artista que viaja ilusionada a bordo del Île de France, un transatlántico francés, hasta Nueva York después de haber sido “descubierta” por una especie de cazatalentos (el propio Joaquín Hinojosa), mercenario al servicio de un magnate del show bussines estadounidense; es uno de esos montajes escondidos de la cartelera en quien uno no repararía si no es porque alguien proyecta allí su foco. Es justamente lo que nos gustaría hacer en estas líneas…

Una música intensa, nostálgica, delicada (la estupenda composición es de Marc Álvarez), inunda la cubierta de un barco francés que, regularmente, traslada viajeros de uno a otro lado del Atlántico. Acaba de terminar el primer cuarto del siglo XX (1927) y aún está demasiado reciente el final de la I Guerra Mundial, así es que hay que aferrarse a la vida a toda costa. América es la tierra prometida, de la riqueza, de las oportunidades, y muchos de esos viajeros buscan allí el negocio del siglo, el contrato de su vida, la suerte que hasta ahora le ha sido esquiva en Europa. Pero también muchos de esos ilusos olvidan que nadie da algo a cambio de nada. La inocencia, luego, se paga muy cara.

Candor

Una atractiva joven, cantante y actriz, que ha ido a Francia desde su Extremadura natal, con el ánimo de probar suerte en el mundo del espectáculo (“a mí no me gustan las prohibiciones. Mi lema es vive y deja vivir… La vida está llena de cosas bonitas”), se encuentra en la cubierta del barco con un hombre maduro, elegantemente trajeado, apuesto y seguro de sí mismo. La primera, eufórica, dicharachera y orgullosa de haber sido elegida entre tantas otras artistas que, como ella, saltan de cabaret en cabaret buscando al mecenas norteamericano que sepa descubrir su talento. La suerte parece que la ha tocado, como si un ángel le hubiera rozado con el ala… Él, un hombre de mundo, con las cosas muy claras y el colmillo retorcido, que escucha, observa, asiente, sonríe displicente y despreocupado, siempre con su vaso largo de whisky sin hielo en la mano (“…usted se niega a apartar los ojos de la línea del horizonte y de sus nubecitas de color malva.. Sin duda usted está convencida de que algo llamado talento la hace especial…”, le espeta a la joven con todo el cinismo del mundo).

Juan Miguel Alcarria ha puesto un azul cielo y mar intensos de fondo, y en primer término, la proa del transatlántico (unas barras quitamiedos de metal, desde donde contemplar el océano, disfrutar de la brisa marina y otear el horizonte…), y unas mesas donde descansar un momento para encontrar la serenidad que no brinda el salón de al lado donde suena la algarabía del baile. Los leves aplausos o las palabras de otras salas, que se cuelan a veces en los prolongados silencios en que se refugian los dos personajes, están así estupendamente integrados en la fábula que se cuenta.

El duelo interpretativo de Hinojosa y Arjona (estupendo ese sugerente e intencionado número de cante y baile que le hace en exclusiva al hombre en plena cubierta) sería ya motivo suficiente para acudir a ver ‘La línea del horizonte’, pero es que, además, es un ejercicio maestro de dirección (no olvidemos tampoco al Hinojosa director de El libertino, Atardecer en Santa Elena, Una llamada para Pirandello, Poeta en Nueva York o La lección, entre otros montajes suyos).

Aunque el montaje no tiene nada que ver con aquel otro Novecento, que hace unas temporadas protagonizara Miguel Rellán, hay varias razones que nos mueven a su asociación: la acción, en ambos, tiene lugar a bordo de un trasatlántico; también los dos se hacen demasiado cortos, y están llenos de sabiduría, de delicadeza y de extraordinario teatro, y tanto en uno como en otro, nos hubiera gustado que ese corto viaje escénico se hiciera real y que durase varias semanas… La propuesta de Atanes e Hinojosa es imprescindible y sería una pena que no permaneciese más tiempo -incluso que pudiera verse más días por semana- en Los Luchana. No pierdas ni un minuto y acude a verla, por si acaso.


‘La línea del horizonte’

Dramaturgia: Carlos Atanes

Director: Joaquín Hinojosa

Intérpretes: Beatriz Arjona y Joaquín Hinojosa

Iluminación: Juan Miguel Alcarria

Música: Marc Álvarez

Fotografías: Jacobo Medrano

Regiduría y dirección técnica: Juan Miguel Alcarria

Producción: Marta Timón Herrero

Teatros Luchana, Madrid

Todos los viernes de marzo de 2018

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