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La tenue frontera entre el teatro y la vida

martes 13 de octubre de 2020, 08:39h
La tenue frontera entre el teatro y la vida
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"Soy un espectador nato, pero luego en clase actúo todos los días". Quien así se expresa es Jesús Esteban, Chechu, un profesor de Literatura soriano con el que tuve la oportunidad de hablar un día robándole un par de horas en una de esas jornadas teatrales maratonianas que dedica dos o tres veces por semana para acudir al teatro. No lo he comentado nunca con el autor de Un bar bajo la arena, José Ramón Fernández, pero José María, ese personaje que encarna a espectadores como Jesús, parece haber mimetizado su pasión por el teatro, su afán incansable de coleccionar programas de mano, de acercarse a los actores, dramaturgos y directores para invitarlos a dar charlas en su instituto, o a saludar a los incontables amigos teatreros que ha cosechado en sus largos años de itinerancia espectadora.

Más de 40 años como espectador y casi tres años de entrevistas, repartidas en unas 150 horas, con cerca de 60 personajes de ambos sexos, cuidadosamente escogidos y relacionados con el teatro, he necesitado para poder escribir las 788 páginas de un libro que he apostillado como Teatro y teatreros en España, hoy, y titulado ‘En primera fila’ (Leibros Editorial, Madrid, 2020). Esos años y esas docenas y docenas de horas de conversaciones a tumba abierta, profundas, cercanas , sin prisa y sin tiempo determinados , para poder brindar a lectores, espectadores, profesionales y estudiantes del teatro, cientos y cientos de claves profesionales, individuales y sociales relacionadas con las gentes del teatro en todas sus áreas que explican el estado actual del arte de Talía en nuestro país y, de paso, a ayudarles a entenderse a ellos mismos.

Además de Chechu como ilustre representante de los espectadores, he conversado también con dramaturgos, con directores de escena, actores, escenógrafos, con directores de escuelas de teatro, diseñadores de vestuario, luz, sonido, movimiento y caracterización, una regidora, un fotógrafo, una jefa de prensa, una productora y distribuidora o una jefa de sala que lo mismo está ejerciendo su función que echando una mano en la taquilla o como acomodadora. El resultado de pensamientos y reflexiones de tanta gente de primera fila teatral acaba de ver la luz, excelentemente acompañado, en el Teatro de La Abadía, que ha tenido la enorme generosidad de acoger su presentación en la Sala José Luis Alonso. Si tienes curiosidad, puedes asomarte al acto pinchando en este enlace

Epifanía

Recuerdo con la misma fuerza que si hubiera sido ayer mi primera función como espectador de teatro. Fue un ‘Luces de bohemia’, de Valle-Inclán, en el Bellas Artes de Madrid y en compañía de los 60 o 70 compañeros de los dos grupos de COU que veníamos exprofeso a ver el “acontecimiento teatral del momento” (primeros años 70 del pasado siglo), desde el manchego pueblo de Alcázar de San Juan. Como para mí, para muchos otros compañeros esa fue una epifanía que nos brindaron José Tamayo como director del montaje, y Carlos Lemos, Agustín González o Manuel Gallardo, entre otros compañeros de escena. Luego vinieron los años de universidad en la capital, la búsqueda exhaustiva de montajes en los días del espectador –la economía había que ajustarla al máximo-, el conocimiento de compañías, el tímido acercamiento a actores , dramaturgos y directores… Así se forjó una pasión tan intensa que , más de cuatro décadas después, no solo no me ha abandonado, sino que , por el contrario, se ha enraizado profundamente en mi ser.

Sin el teatro, yo no sabría muy bien quién soy. Quizás por eso mismo necesitaba escribir un libro de teatro más orientado al espectador que a los profesionales o, al menos, tanto como a ellos. He querido que esta sea mi modesta aportación al conocimiento y a la promoción de un arte milenario con el que no han podido acabar ni el tiempo, ni la radio, la televisión o las pandemias –Covid-19 , incluída-. Y al día siguiente-hoy, mañana, pasado mañana….-, a seguir asistiendo a salas y más salas de teatro para continuar disfrutando del teatro y de la vida, que no sé muy bien donde se encuentra la tenue línea de separación entre ambos.

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