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Excelsa Carmen Machi en ‘Juicio a una zorra’, con texto y dirección de Miguel del Arco
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Excelsa Carmen Machi en ‘Juicio a una zorra’, con texto y dirección de Miguel del Arco

Cuatro años después de su estreno en el madrileño Teatro de La Abadía (noviembre de 2011), el personaje de Helena de Troya vuelve a revivir con una fuerza irresistible en un texto admirable de Miguel del Arco, uno de los hombres clave del teatro español de nuestros días, en ‘Juicio a una zorra’, un montaje que desde entonces viene representándose en decenas de teatros de dentro y fuera de España (hace solo unos días la compañía ha vuelto de de una gira por varios países de Latinoamérica). Helena de Troya es la actriz Carmen Machi, que llena de vida, de rabia y de profunda humanidad a un personaje del que, en el mejor de los casos, el espectador medio ha oído hablar en sus ya lejanos tiempos dela EGB o del bachiller, y que ahora Machi dota de una fuerza apasionada, estremecedora, imparable, decidida y arrebatadora. Seguro que nadie que la haya visto ahora sobre el escenario olvidará jamás quien era Helena de Troya.

‘Juicio a una zorra’ se exhibe en esta ocasión en tres únicas funciones (23, 24 y 25 de octubre) en el Teatro del Barrio, con todas las entradas vendidas días antes de su reestreno. No es extraño porque el montaje viene avalado desde 2011 como uno de los mejores espectáculos para varios medios (El País, ABC, El Mundo) y de haber sido ganador de varios premios Valle-Inclán y Ercilla, incluido el de interpretación para Carmen Machi.

Rojo pasión

El monólogo escrito y dirigido por Miguel del Arco presenta a una Helena de Troya, “la mujer más vilipendiada de la historia” -como dice ella de sí misma-, dirigiéndose retadora, desvergonzada y dolida al público de la sala y haciéndole juez de su trayectoria vital, para reivindicar su dignidad frente a unos acontecimientos que desencadenaron la Guerra de Troya, después de haber sido prostituida por su padre, Zeus (transformado en cisne), y de soportar los abusos de docenas de hombres, incluido su marido, Menelao -hermano de Agamenón-, que se casó con ella a los 15 años, doblándole la edad. Esa fue su vida hasta que, a los 24 años, se le cruzó un hombre, Paris, que la redimió de todo el pasado y dio un nuevo sentido a su vida: “Yo solo tomé una decisión: amar a un hombre por encima de todo”.

Una gran mesa de diseño alargada (idea de Eduardo Moreno), iluminada por debajo con luces blancas, llena el escenario. Sobre y debajo de ella, multitud de copas y botellas llenas de vino que la actriz no dejará de beber durante la actuación y que acabará provocando su embriaguez. Las luces rojas, (la iluminación la firma Juanjo Llorens), inundan todo el escenario (paredes, suelo...). Sale Helena de Troya enfundada en un vestido rojo pasión, unos tacones altos y una preciosa melena rubia (de Antoñita Vda. de Ruiz). Su monólogo frente al público se inicia con la fuerza de la tormenta que, amenazadora y con unos truenos aterradores (el sonido corresponde a Sandra Vicente -Estudio 340-), inunda escenario y platea… “Helena de Troya, Helena la aquea, la más hermosa del mundo, la divina entre las mujeres, hija de Zeus, la de cabellos de oro, la de níveos brazos, la más bella…”, declama imperiosa al dios que protesta con esa gran tormenta.

“Helena, la zorra, la puta, la casquivana, ramera, meretriz, calientapollas, desvergonzada,..., la culpable de la guerra, se somete a juicio...” Y, en realidad, no es Helena, sino todas las mujeres del mundo y a lo largo de la historia, a quien Miguel del Arco está sometiendo al juicio del espectador. La historia siempre la escriben los vencedores y, parece evidente, que hasta hace muy poco, las mujeres no han contado nada en ella, porque los vencedores son siempre hombres. Y la ironía tampoco falta en el texto de Del Arco: “Se me puede considerar un arma de destrucción masiva”.Y, para empezar por el principio, Helena parece invitar a todas las mujeres a llamar a las cosas por su nombre, porque las palabras “pueden eliminar el temor, suprimir la tristeza...”.

Así, durante una hora intensa, dramática, sin tregua para el espectador, Helena va desnudando su vida ante el público que quiere que la juzgue… Y, si hubiera que encontrar los puntos cumbre de su confesión, yo subrayaría dos. El primero, el momento liberador, inesperado, luminoso de su encuentro con Paris en el que ambos se entregan en cuerpo y alma. La segunda, el momento en que Hécuba le pide a Menelao que mate a Helena. Carmen Machi se transforma aún más -si cabe- y parece una verdadera loba. “Amé a Paris. Ese fue mi error. ¿Es un error amar?” “Camina el alma, el corazón pierde,...”. Suena entonces la canción (la música es de Arnau Vilá): “Gira el mundo sin ti, pero gira sin rumbo,... ¿de qué sirve vivir sin buscar el amor?”. Helena, ya derrotada, en plena borrachera de dolor y desesperación, pide al público que la acompañe con sus canciones... Ese es, quizás, el momento más álgido de una actuación excelsa, memorable de Carmen Machi. Después de esta Helena de Troya, no hay quien la pueda sacar ya del Olimpo de las diosas de la escena. “La eternidad está enamorada de los frutos del tiempo”.

‘Juicio a una zorra’

Texto y dirección Miguel del Arco
Con Carmen Machi

Música Arnau Vilà
Iluminación Juanjo Llorens
Sonido Sandra Vicente (Estudio 340)
Peluquería Sara Álvarez
Fotografías Sergio Parra
Producción Aitor Tejada

Una producción de Kamikaze Producciones y MamaFloriana

Teatro del Barrio

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