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Los 100 mejores discos de los años 90 (del 70 al 61)
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Los 100 mejores discos de los años 90 (del 70 al 61)

martes 12 de abril de 2016, 13:32h

Después de repasar los 50 mejores discos de lo que llevamos de década (2010-2014), los 100 mejores discos de los años 80 y los 100 mejores discos de los años 60 ahora llega el momento de repasar los mejores discos de los 90. La última década antes de la aparición de Internet, la piratería anivel industrial y las plataformas de streaming, los años 90 vieron la aparición de los últimos grandes movimientos del rock y la consolidación de la música electrónica y el hip hop, mientras que el grunge servía de catapulta para toda la música alternativa que abandonó las radios universitarias por las listas de éxitos.

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70. Bob Dylan - Time Out of Mind (1997)

Uno de los grandes discos de regreso de la historia. No es que Bob Dylan se hubiera ido a ninguna parte pero el nivel de sus discos no estaba alcanzando glorias pasadas. 'Time Out of Mind' vio la reinvención final del bardo de Minnesota y supuso su mejor disco en más de 20 años, desde el lejano 'Desire'. El álbum se abre con una de sus grandes canciones, 'Love sick' en la que utiliza un truco que le sale muy bien, tocar un blues con una lenta cadencia reggae, luego llega el recuerdo al rockabilly de Sun Records con 'Dirt Road Blues', más adelante aparece 'Tryin' to Get to Heaven' en el que su rasposa voz suena como la mezcla perfecta de pegamento y serrín, la gema absoluta del disco es 'Not dark yet', una canción a la altura de sus himnos de los 60, pero 'Time Out of Mind' sigue teniendo otros tesoros como los perfectos blues rock de 'Cold irons bound' y 'Can't Wait'. Quizás el único pero que se le puede poner a este disco sean los 16 minutos de 'Highlands', la canción más larga de su carrera, que no llega a la altura de otros gloriosos cierres de más de diez minutos como 'Desolation row' o 'Sad eyed lady of the lowlands'.



69. Pulp - This Is Hardcore (1998)

Tras la fiesta o el desparrame del britpop llega la resaca, ‘Tis is hardcore’ es un disco de bajón, de darse cuenta que la eterna fiesta del ‘britpop’ y el nuevo socialismo de Blair no era sino una broma pesada. Ya lo decía Jarvis Cocker “nada dura para siempre”. En 1998 el movimiento estaba a la deriva, sus grandes nombres estaban en declive, véase Oasis o Suede, o renegaban de él, Blur, así que era normal que el cerebro más ‘previlegiado’ de aquella generación firmase su obituario. Para no quedarse anclado Cocker recurrió a un superclase como Scott Walker para oscurecer su sonido, el resultado fue uno de los mejores discos de su carrera, un disco más sombrío y claustrofóbico, como demuestra la canción que lo abre, 'The fear', una canción que dejaba claro que los himnos como 'Common people' ya no iban a aparecer.



68. Johnny Cash - American Recordings (1994)

En 1994 Rick Rubin decidió fichar a Johnny Cash para su sello American Recordings, anteriormente conocido como Def American, en el que la mayoría de la música era hip hop o heavy metal. Parecía una jugada arriesgada, Cash llevaba más de una década de capa caída comercialmente y pocos tenían fe en el hombre de negro. Pero Rubin sabía que el ex del 'Million Dollar Quartet' era uno de los mejores contadores de historias de la música, así que le encerró en una habitación con su guitarra y seleccionó para él alguna canción más contemporánea como el 'The beast in me' del yerno de Cash, Nick Lowe, o 'Thirteen' y 'Down There by the Train' compuestas para la ocasión por Glen Danzig y Tom Waits. El espartano resultado demostraba que Johnny Cash seguía siendo uno de los mejores intérpretes de música de EEUU, alguien capaz de emocionar o hacer reír al oyente con una voz tan limitada como absolutamente expresiva. Baste como ejemplo 'The Man Who Couldn't Cry' que fue grabada en directo en el Viper Room de Hollywood y le volvía a colocar como el más expresivo intérprete de historias de América.



67. Weezer (The Blue Album) (1994)

Weezer eran una panda de 'nerds' a los que les encantaban los Kiss y jugar a 'Dragones y mazmorras', dentro de la solemnidad y la negatividad del 'grunge' eran un soplo de aire fresco. Además, a su líder, River Cuomo, no le importaba demostrar lo que le gustaba el rock de estadio de los 70 y los buenos solos de guitarra. Si a esto le sumamos que tenía un talento especial para las melodías pop, podríamos decir que el resultado era una versión actualizada de Cheap Trick en la que todos eran unos 'freaks' como Rick Nielsen. Su primer disco no tiene desperdicio pero brillan sobremanera sus tres singles, 'Undone-The sweater song', 'Buddy Holly' y 'Say it ain't so'.



66. Björk - Post (1995)

En el mundo de la música pop hay artistas originales y luego está Björk Guðmundsdóttir. La islandesa es un mundo en sí misma, su propio género, una mezcla entre vanguardia experimental y mágicas y extrañas melodías pop interpretadas por una de las voces más increíbles y originales que conozco. 'Post' está lleno de grandes momentos como la hipnótica 'Army of me', la inquietante belleza de 'Hyperballad', su versión de 'It's oh so quiet', que demuestra que Björk podría haber sido la mejor cantante de la banda de Gene Kruppa, la belleza orquestal de 'You've Been Flirting Again' o la maravillosa forma de combinar arreglos de cuerda con fondos electrónicos de 'Isobel'. Bienvenidos a 'Björklandia'.



65. Mercury Rev - Deserter's Songs (1998)

Mercury Rev era una buena banda de rock que mezclaba psicodelia y noise rock, tras el fracaso comercial de su tercer disco, 'See You on the Other Side', el líder de la banda, Jonathan Donahue, decidió que era el momento de grabar un disco para ellos mismo, olvidándose de su podible valor comercial y luego disolverse. Donahue y el guitarrista Grasshopper se retiraron a las montañas Catskill y comenzaron a escribir nuevas canciones como 'Opus 40' y 'The Hudson Line', y repescaron una vieja canción de Donahue que había compuesto en su paso por los Flaming Lips, 'Goddess on a Hiway'. Cuando al proceso se sumó el productor, y antiguo bajista de la banda, David Friedmann, todas las piezas encajaron. Las guitarras saturadas de otros discos fueron sustituidas por múltiples instrumentos y arreglos dispares, cuerdas, vientos, miembros de The Band... El resultado final suena como la caleidoscópica banda sonora de una invernal película de Disney que sirvió para reflotar la carrera del grupo y convertirse en uno de los más insospechados éxitos de finales de los 90.



64. OutKast - Aquemini (1998)

El grupo que hizo que el rap dejase de ser cosa de las dos costas y que los grupos del sur comenzasen a ser tenidos en cuenta. Andre 3000 y Big Boi abrieron el rap a muchos otros géneros desde su Atlanta natal, siendo considerados unos verdaderos alienígenas que se atrevían a meter solos de armónica, en el puente de la extraordinaria 'Rosa Parks', toques dub y vientos extraordinarios en 'SpottieOttieDopaliscious', rendir homenaje a George Clinton (con presencia de Mr. P-Funk) en 'Synthesizer', dar una de sus primeras oportunidades a CeeLo Green o ese homenaje al 'blackexplotation' de 'Return of the 'G'. OutKast y 'Aquemini' son la prueba palpable de la enorme musicalidad del hip hop.



63. Blur (1997)

En 1997 el 'Britpop' estaba entrando en un callejón sin salida y Blur era consciente de ello. Tras la trilogía 'Rule Britannia' que compusieron 'Modern life is rubbish', 'Parklife' y 'The great escape', las señales de agotamiento estaban ahí, así que Damon Albarn hizo caso al guitarrista Graham Coxon y Blur comenzó a mirar al otro lado del Atlántico en busca de inspiración, en concreto, al movimiento alternativo y a bandas como Pavement o Sonic Youth. Refrescados con este cambio de estilo las nuevas canciones fueron apareciendo con Albarn escribiendo cosas más personales y Coxon tomando un protagonismo mucho mayor en la grabación. El resultado fue una inspirada mezcla de música alternativa y las tradicionales referencias británicas de la banda, Kinks, Beatles o Bowie, que sirvió para volver a lanzar la carrera de la banda al margen de una corriente que agonizaba.



62. The Smashing Pumpkins - Mellon Collie and the Infinite Sadness (1995)

'Mellon Collie and the Infinite Sadness' es uno de los discos más ambiciosos que se han hecho nunca, claro que es un disco a la medida del ego de su principal responsable, Billy Corgan. Musicalmente es un logro absoluto, confirmando a Corgan como uno de los grandes compositores de los últimos tiempos, alguien que todavía cree en el poder de la música y en el disco como forma de arte. Es difícil ponerle un pero a esta majestuosa colección de canciones divididos en dos discos, uno dedicado al día y otro a la noche que arranca con el hermoso instumental que le da título y sigue con la grandiosidad orquestal de 'Tonight, tonight' para seguir sin tomar prisioneros con el cuadruple ataque de 'Jellybelly', 'Zero', 'Here is no why' y 'Bullet with butterfly wings' que hacen de Corgan uno de los mejores guitarristas de su generación y de los Smashing Pumpkins uno de los grupos más potentes de los 90. El único problema de Corgan son sus letras, como decía Homer Simpson "gracias a vosotros mis hijos han dejado de soñar con un futuro que no les puedo proporcionar". Aun así 'Mellon Collie' triunfa gracias a la enorme musicalidad y ambición de Corgan que lo llamó "el Muro de la Generación X'. Algo de eso hay, con una segunda parte donde se exploran futuros escenarios, como en la maravillosa '1979' o en el trío formado por 'We Only Come Out at Night', 'Beautiful' y 'Lily (My One and Only)' donde las guitarras son sustituidas por otros instrumentos, demostrando la capacidad de reinvención de Corgan y los suyos.



61. Green Day - Dookie (1994)

Hace poco entrevistando a Jon Auer de los Posies me comentaba que en el sentido original del término 'power pop', en el de los primeros Who, se podría considerar a una banda como Green Day dentro del género. Y creo que estaba en lo cierto, canciones tan redondas como 'When I come around', 'Pulling teeth', 'She', o incluso las icónicas 'Basket case' y 'Longview' podrían ser parte de esas píldoras de tres minutos que hacen las delicias de los amantes del pop. Es evidente que lírica y estéticamente la banda era punk, pero su rabia se empaquetaba dentro de la magia melódica de Billy Joe Armstrong lo que les emparentaba más con los Undertones o los Buzzcocks que con los Clash. Su único problema fue la horda de imitadores sin la habilidad compositiva de Armstrong que salieron tras su enorme éxito.

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