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Los 100 mejores discos de los años 90 (del 80 al 71)
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Los 100 mejores discos de los años 90 (del 80 al 71)

lunes 11 de abril de 2016, 12:00h

Después de repasar los 50 mejores discos de lo que llevamos de década (2010-2014), los 100 mejores discos de los años 80 y los 100 mejores discos de los años 60 ahora llega el momento de repasar los mejores discos de los 90. La última década antes de la aparición de Internet, la piratería anivel industrial y las plataformas de streaming, los años 90 vieron la aparición de los últimos grandes movimientos del rock y la consolidación de la música electrónica y el hip hop, mientras que el grunge servía de catapulta para toda la música alternativa que abandonó las radios universitarias por las listas de éxitos.

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80. Eminem - The Slim Shady LP (1999)

El hecho de que un blanco se convirtiera en el artista de rap que más discos ha vendido creó una estúpida polémica sobre si, nuevamente, los blancos se estaban apropiando de la herencia negra como había pasado con el rock and roll. Pero la cosa no psó a mayores porque todas los grandes del género vieron al de Detroit como uno de los suyos y no como un nuevo Vanilla Ice. A día de hoy pocos pueden negar su sitio a Eminem entre los diez MC's más importantes del género. Discos como este 'The Slim Shady LP' y canciones como 'My name is' tienen la culpa.



79. Stereolab - Emperor Tomato Ketchup (1996)

Los británicos Stereolab eran esa 'rara avis' dentro de la escena alternativa que sonaban como la extraña mezcla de 'easy listening' y 'krautrock', algo así como si Can decidieran hacer una versión de los Carpenters. Su cuarto disco, 'Emperor Tomato Ketchup', no solo es el mejor sino también el más extremo, el que mejor melodías tiene y el más musical de toda su carrera. Canciones como 'Cybele's Reverie', 'The Noise of Carpet' o 'Tomorrow Is Already Here' muestran su faceta más accesible y melódica, mientra que la titular o la increíble 'Metronomic Underground' les ven triunfar en su cara más experimental.



78. Yo La Tengo - I Can Hear the Heart Beating As One (1997)

Normalmente los grupos no suelen sacar su mejor disco al octavo intento pero Yo La tengo no es un grupo cualquiera sino toda una institución dentro de la música alternativa. Claro que, dicho esto, el trío de Hoboken no es un grupo 'indie' al uso, sino un grupo capaz de explorar muchos sonidos dentro de la música pop, desde el consabido 'noise' hasta la bossa nova. Entre las 16 canciones que componen 'I Can Hear the Heart Beating As One'se encuentran varias joyas de su repertorio como el ineludible clásico 'Autumn sweater', la canónica 'Sugarcube', 'Stockholm Syndrome', la prueba de que James McNew es un miembro tan importante como el matrimonio formado por Ira Kaplan y Georgia Hubley o las dos versiones que contiene, 'Little Honda' y 'My little corner of the world'.



77. Wilco - Being There (1996)

Cuando en 1993 se separó Uncle Tupelo, la banda clave del movimiento 'No depression' y del country rock alternativo, todas las apuestas decían que el hombre con más futuro era Jay Farrar. Cuando aparecieron los discos de debut de las dos bandas que surgieron de sus cenizas, Son Volt, liderada por Farrar, y Wilco, liderada por Jeff Tweedy, muchos vieron una confirmación a sus pronósticos. Pero entonces en 1996 apareció 'Being there' (titulado como la película de Peter Sellers que en España se llamó 'Bienvenido Mr. Chance') y las cosas cambiaron. Tweedy y su banda hacían saltar por los aires todo los que se suponía que podía hacer una banda de country alternativo. El disco se abría con la brutal 'Misunderstood', una canción que podría aparecer en el rompedor 'Yankee hotel foxtrot', en 'Far, far away' Tweedy recordaba sus tiempos en Uncle Tupelo pero luego llegaba el doble impacto de 'Monday' y 'Outtasite (Outta Mind)' con el que Wilco se ponían en su modo más 'stoniano'. Y es que, en cierto modo, 'Being There' es su particular 'Exile on main street', un disco doble en el que se tocan (casi) todos los palos de la música popular americana.



76. Suede (1993)

Era fácil ver las influencias de glorias pasadas en casi todos los grandes nombres del 'britpop', pero en ningún caso tan claro como el de Suede que venía a ser la suma de los Smiths junto al Bowie más 'glam'. Su debut fue la puerta de entrada para todo el movimiento, con la teatral voz de Brett Anderson y la guitarra de Bernard Butler recogiendo los ecos de Mick Ronson a la cabeza. Si los medios tiempos no funcionan tan bien como en su próximo disco las canciones más directas no han perdido ni un ápice de su fuerza, gemas como 'Animal nitrate', 'So young', 'The drowners', 'Metal Mickey' o 'Animal Lover'.



75. Old 97’s – To far too care (1997)

Catalogados como 'country rock' o 'americana' lo que eran los Old 97's era, sencillamente, una increíble banda de rock sin adjetivos. Ganándose el pan recorriendo EEUU de este a oeste, norte a sur, en interminables giras por todos los tugurios posibles, las canciones de los de Rhett Miller son pequeños himnos para berrear a plena voz mientras se bebe una botella de Jack Daniels de madrugada. Entre sus muchas virtudes se pueden destacar clásicos que nunca lo fueron como 'Timebomb', 'Big brown eyes', 'Broadway', 'Four leaf clover', en la que colabora Exene Cervenka de los míticos X, o la increíble 'Barrier reef'.



74. Jane’s Addiction – Ritual de lo habitual (1990)

Jane’s Addiction habían demostrado con su primer disco, 'Nothing's shocking' que los chicos de la nación alternativa, además de a los Cure, también escuchaban a Led Zeppelin. Con su segundo disco, 'Ritual de lo habitual', los de Perry Farrell y Dave Navarro buceaban más en su propio estilo logrando un disco muy personal, con dos partes bien defirenciadas. Una primera, las primeras 5 canciones, con su característico sonido hard rock, y una segunda, las últimas 5, en las que hay una fuerte presencia del rock progresivo, pasado, eso sí, por su propio tamiz musical. La primera parte tiene las mejores canciones, especialmente, 'Stop' y 'Been caught stealing', pero en la segunda temas como 'Three days' demuestran que Navarro es el auténtico 'guitar hero' de la escena independiente.



73. Sonic Youth - Goo (1990)

'Goo' fue el primer disco de Sonic Yoth en una multinacional pero si alguien pensaba que la banda clave del noise rock se iba a vender solo tiene que escuchar sus 11 canciones. En 'Dirty boots' parecen la versión atonal de los MC5, en 'Tunic (song for Karen)' homenajean a la triste voz principal de los Carpenters, en 'Mary-Christ' se ponen punk al modo Black Flag, en 'Kool thing' logran uno de los primeros híbridos entre rock y rap contando con el tío más 'cool' del planeta en 1990, Chuck D, en 'Mote' las luces van para Lee Ranaldo enseñando la cara más melódica y menos experimental del grupo, en 'My friend Goo' Kim Gordon se confirma como el mito erótico de la 'nación alternativa', 'Disappearer' demuestra que la banda es una de las pocas que tienen un sonido totalmente propio, una extraña belleza sacada de guitarras ruidosas y disonantes, 'Mildred Pierce' podría pasar por noise surf rock sino fuera por la cacofonía de ruido y distorsión del final, 'Cinderella's Big Score' es el 'hit' que nunca tuvo 'Evol', 'Scooter + Jinx' es un minuto y siete segundos de cacofonía de ruidos y 'Titanium Exposé' un dueto explosivo entre Thurston Moore y Kim Gordon.



72. Teenage Fanclub - Bandwagonesque (1991)

El tercer disco de los escoceses Teenage Fanclub fue el que convirtió a Big Star en uno de los nombres de referencia de la escena alternativa de los años 90. Básicamente se trataba de un maravilloso disco de 'power pop' con guitarras más sucias de lo habitual. Lo que quedaba claro es que Norman Blake, Gerard Love y, en menor medida, Raymond McGinley eran unos magníficos artesanos de la fabricación de maravillosas melodías atemporales. Canciones como 'The Concept', 'Star sign', 'What You Do to Me', 'Metal baby', 'Alcoholiday' o 'December' han pasado con nota la prueba del tiempo.



71. Elliott Smith - XO (1998)

'XO' fue el cuarto disco de la carrera en solitario de Elliott Smith. Fue el primero en una multinacional, tras el éxito de 'Miss misery' y su nominación al Oscar, lo que hizo que fuera su disco más producido y con una mayor variedad de instrumentos y arreglos, aun así seguía fiel al estilo tan personal de Smith, con esa melancolía tan característica y una voz capaz de transmitir la tristeza más dura y, a la vez, alegrar el corazón. Compuesto mientras sufría una grave depresión, el disco es capaz de emocionar desde una musicalidad mucho mayor que los anteriores. Es en este disco donde más claramente se puede ver la evolución de Smith como compositor, acercándose a terrenos de sus adorados Beatles, también a nivel producción en canciones tan brillantes como 'Baby Britain', 'Sweet Adeline', 'Bled white', 'Amity', 'Bottle up and explode' o la que es su canción más recordada, 'Waltz#2'.

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