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'Los Macbez' conspiran ahora en Galicia

'Los Macbez' conspiran ahora en Galicia

miércoles 28 de mayo de 2014, 08:52h
Si ayer nos ocupábamos de "Como gustéis", hoy le toca el turno a otra adaptación al lenguaje y a la situación de nuestros días de otra obra clásica de William Shakespeare, "Macbeth", una de las más representadas desde su probable estreno en 1606. En esta ocasión Juan Cavestany, el autor de la versión, ha
españolizado el apellido y ha trasladado la tragedia de la original Escocia a Galicia, la patria de Breogán y ahora también de ""Los Macbez", que se representa en el Teatro María Guerrero de Madrid, sede del CDN (Centro Dramático Nacional) hasta el próximo 15 de junio.

"Macbeth", la tragedia en cinco actos escrita por Shakespeare, está inspirada en episodios de la vida de un personaje histórico, Macbeth, rey de Escocia en el siglo XI. Años más tarde, en 1847, la obra de Shakespeare fue también la base del libreto de la ópera del mismo título de Giuseppe Verdi. Constituye un verdadero estudio detallado, perspicaz y agudo de la ambición humana, uno de los resortes que siempre han ido unidos al poder en todo tiempo y lugar. Macbeth y su esposa, Lady Macbeth, son dos papeles llenos de fuerza cuya interpretación ha sido siempre más que atractiva para todos los grandes actores del mundo.

La secular tragedia shakespeariana, en su nueva versión de Los Mácbez, dirigida por Andrés Lima, está interpretada por Javier Gutiérrez y Carmen Machi (Los Macbez, excelentes en su papel), a quienes acompañan Chema Adeva, Rulo Pardo, Rebeca Montero, Jesús Barranco y Laura Galán. Ahora no es la corte escocesa, sino el pazo de los Macbez, en Inverness, y el palacio de Raxoi, sede del Gobierno autonómico gallego, como moderno castillo de Dunsinane, en la obra original. Este es aquí el escenario de las ambiciones, maquinaciones, corrupción, intrigas, favores, mentiras, poder y asesinatos de Los Macbez, pero de los que los otros personajes políticos que discurren por escena tampoco son del todo ajenos porque, llegado el caso, probablemente actuarían como la pareja protagonista de la tragedia.

En efecto, Lima y Cavestany no salvan a nadie de la perversión política, ni siquiera a Marcelina (Malcolm, el salvador del reino, en la obra original). Los Macbez han llegado a matar a todo aquel que se ha opuesto en su camino para alcanzar el poder, primero, y para conservarlo y acrecentarlo, después, pero el espectador intuye que los demás personajes políticos lo pueden hacer en cualquier momento.

Las referencias culturales y geográficas se trasladan, pues, de la brumosa Escocia a la nocturna y tenebrosa Galicia, llena de meigas, carballeiras, lluvia y niebla, en donde iluminación (a veces estroboscópica) y sonido tienen también un papel determinante en la traslación imaginaria del espectador a ese mundo palaciego o tenebroso -según la escena de que se trate- que el director resuelve con claridad y eficacia.

La ambición política, la codicia, la violencia y la falta de escrúpulos está, desgraciadamente, de eterna actualidad. Hace más de cuatro siglos el escenario fue Escocia; hoy es Galicia, pero mañana puede ser cualquier otro lugar de la tierra. Hombres y mujeres de todos los tiempos y en todas las épocas se siguen corrompiendo por conseguir el poder, por conservarlo. Lo malo es que después, ¿qué les queda? Lima, como Shakespeare, lo tienen claro: la locura y el miedo. Una versión extraordinaria que, estoy seguro, Shakespeare habría aprobado si pudiera levantarse de la tumba.

 

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