www.diariocritico.com
'Cuando deje de llover', del australiano Andrew Bovell, dirigida por Julián Fuentes Reta, una obra maestra
Ampliar

'Cuando deje de llover', del australiano Andrew Bovell, dirigida por Julián Fuentes Reta, una obra maestra

martes 10 de noviembre de 2015, 15:28h
Las Naves del Español han recuperado para su principio de temporada ‘Cuando deje de llover, la obra de Andrew Bovell, una de las funciones con mayor éxito de la pasada temporada, que dirigió el aragonés Julián Fuentes Reta quien, por cierto, subió también el año pasado un interesantísimo espectáculo al Valle Inclán, fruto de la colaboración entre el CDN y LZK, ‘Hard Candy’, una relectura de ‘Caperucita y el Lobo’ (http://www.diariocritico.com/noticia/482163/hard-candy-una-relectura-de-caperucita-y-el-lobo.html). El público ha llenado las Naves todos los días, y la crítica y los cenáculos de la profesión lo han reconocido también porque el montaje ha sido acreedor de tres premios Max de Teatro (espectáculo, actriz de reparto -Susi Sánchez- y dirección), y otros cuatro premios más de la Unión de Actores.

La obra de Bovell, dramaturgo australiano, es magnífica. Su complejidad argumental y escénica no le resta un ápice de belleza, ni de intensidad y poesía. La sabia mano de Fuentes Reta ha multiplicado más aún la fuerza de una historia potente por sí misma. Y eso, que su complejidad no la hace precisamente fácil de seguir en principio, ya que este intrincado rompecabezas familiar se desarrolla en tiempos, acciones y espacios diferentes.

En ‘Cuando deje de llover’ se plantea al espectador un viaje no lineal de ochenta años de duración, entre los años 1959 y 2039, en la vida de una saga familiar -los Law- de cuatro generaciones sobre las que se cierne un maléfico destino que arrastra a sus miembros a repetir cíclicamente sus mezquindades, sus diferencias, sus pasiones y sus errores.

El público está situado en los cuatro lados de un escenario, totalmente vacío. Cuando se apagan las luces y, metafóricamente al menos, se levanta el telón, unas luces tímidas marcan una penumbra en la que se van descubriendo a nueve personajes que se pasean por todo el escenario, aleatoriamente, como si fueran fantasmas del pasado, acelerando o ralentizando el paso. Simulan una especie de ballet espectral en el que sus integrantes se mueven acompasadamente, se entrecruzan y apenas si tropiezan entre ellos… De pronto, un hombre grita, es Gabriel York (Francisco Olmo): “Yo no creo en Dios, ni en los milagros, entonces no entiendo como un pez ha caído del cielo”. Espera a su hijo Andrew (Borja Maestre), al que abandonó unos años después de nacer… porque pensó que estaría mejor. Ahora le ha localizado, después de más de 20 años y viene a verle y el pescado caído del cielo le ha venido como anillo al dedo para poder prepararle una cena suculenta.

Fuera de su casa no para de llover mientras una tormenta parece ir acercándose poco a poco, y Gabriel no tiene nada mejor que hacer que leer un libro, ‘La decadencia y caída del imperio americano, 1959-2016’.

Viejas historias familiares

A partir de ahí, los distintos personajes irán entremezclándose en una serie de diálogos y situaciones complejas, sin aparente interconexión, pero envueltos en un simbolismo y poesía al que contribuyen el movimiento y los traspasos de información que se da entre todos ellos. Los tiempos donde transcurren las distintas escenas son diferentes y, además, estas se intercalan avanzando hacia adelante y hacia atrás y las transiciones entre una y otra escena se hace siempre con personajes rondando suave, imperceptiblemente en torno a la escena principal, que luego, cuando esta se difumina, es ocupada por esos otros personajes que la circundaban.

Todas las historias familiares se cruzan en El Coorong australiano, que es el lugar hasta donde se desplazan varios de sus personajes, viajando desde Londres, que es de donde proviene el núcleo familiar. Hasta allí llegan las desgracias originadas por ciertas relaciones paternofiliales socialmente repudiadas, los crímenes y las vergüenzas que hay que esconder incluso entre los muros de casa, y que la fuerza inexorable del destino llevarán hasta el continente australiano y que únicamente la lluvia podrá acabar de limpiar.

La historia se repite y parece haber una fuerza interior contra la que es vano luchar. Incluso hay frases textuales que distintos miembros de la familia repiten, generación tras generación: “Se ahoga mucha gente en Bangladesh, cuando llueve mucho”…, “deja que los muertos se ocupen de los muertos”..., “Son muy crueles los padres”, dice un personaje. “Son muy crueles los hijos, la hostia de crueles”, dice una madre. “No tener nada que decir es lo mismo que tener tantas cosas que decir y no saber cómo empezar”.

Es más que merecido el efusivo elogio a los nueve actores que integran el reparto de ‘Cuando deje de llover’, que llenan de corazón y de fuerza todos y cada uno de los personajes que encarnan: Jorge Muriel; Pilar Gómez (memorable madre leyendo a Diderot); Consuelo Trujillo (soberbia en su papel de Elizabeth Adulta); Pepe Ocio; Susi Sánchez (magistral interpretación de Gabrielle Adulta); Ángela Villar (maravillosa Gabrielle Joven); Felipe G. Vélez; Francisco Olmo y Borja Maestre.

La escenografía, de Iván Arroyo, es más que austera. De hecho es el propio atrezzo quien la va configurando, escena tras escena. Dos mesas y algunas sillas y una cocina con un horno y dos percheros son los únicos elementos que hay sobre el escenario. Todo está sobre ruedas y son los mismos personajes quienes lo van trasladando de un lugar a otro, siempre de forma tangencial y dejando únicamente la cocina central como elemento fijo.

Toda la obra está llena de simbolismo y poesía, como ya hemos indicado anteriormente, pero si hubiera que subrayar solo una escena, nos quedaríamos con esa en la que subidos en las mesas, dos de los personajes, que están en Australia, simulan que van en el coche escuchando música y tienen un accidente al que sobrevive Gabrielle (Ángela Villar), embarazada de su novio, Gabriel, que fallece en el accidente al tratar de responder a la pregunta que ella le hace, y que tendrá un niño al que también pondrá por nombre Gabriel)…

La historia es circular y termina como empieza, con ese padre y ese hijo que se reúnen en torno a una mesa, más de dos decenios después de haberse separado. “Detrás de todo este caos, están las raíces. Y ahora, tú y yo nos vamos a comer ese pescado de mar antes de que se acabe el mundo”, le dice el padre -Gabriel York- a su hijo -Andrew Price-.

La dirección de Fuentes Reta es prodigiosa. Parece imposible conectar tantos y tan distintos planos temporales y espaciales en un escenario prácticamente vacío y ayudado únicamente por el escaso atrezzo ya descrito, una imaginación desbordante, y la más que certera elección del equipo de actores, el espacio musical y sonoro y una iluminación (a cargo de Jesús Almendro), como muy pocas antes habíamos visto, que ayuda al espectador a situarse en un ámbito y en un tiempo tan distantes entre sí, pero del que nunca hay confusión en identificar.

Este montaje es, sin lugar a dudas, una verdadera obra maestra que, por el momento, no se va a poder seguir viendo en Madrid, porque las representaciones terminaron el domingo pasado, pero que se debe perseguir por los distintos lugares de España que va a seguir recorriendo durante mucho tiempo.


‘Cuando deje de llover’, de Andrew Bovell
Director: Julián Fuentes Reta
Traducción: Jorge Muriel
Intérpretes: Jorge Muriel, Pilar Gómez, Consuelo Trujillo, Pepe Ocio, Susi Sánchez, Ángela Villar, Felipe G. Vélez, Francisco Olmo y Borja Maestre
Diseño de iluminación: Jesús Almendro
Música original: Iñaki Rubio
Diseño de escenografía y video: Iván Arroyo
Diseño de vestuario y atrezzo: Berta Grasset
Ayudante de dirección: Mónica Dorta
Las Naves del Español, Sala Fernando Arrabal -Matadero. Madrid.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de Diariocrítico.com

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.