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'Juego de Tronos' 8x02: Las cosas que hacemos por amor
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'Juego de Tronos' 8x02: Las cosas que hacemos por amor

lunes 22 de abril de 2019, 10:47h
((ATENCIÓN SPOILERS))

La semana pasada 'Juego de Tronos' comenzó su octava temporada atando lazos con su inicio, fue un buen episodio en el que pasaron pocas cosas. Este segundo episodio se ha desarrollado de una manera similar pero han pasado menos cosas y el resultado ha sido mucho mejor. Creo que ha sido uno de los mejores episodios en mucho tiempo, recordándonos que si vemos esta serie no lo hacemos solo por los dragones, las batallas y la épica, sino porque cuando alguien muere ese personaje nos importa. Eso es lo que ha hecho este episodio, recordarnos cuánto nos importan estos personajes. Cuando la semana que viene, más que presumiblamente, un puñado de ellos mueran, no serán simple carnaza a mayor gloria de la acción y el espectáculo, sino personas con sentimientos dejando de existir para siempre.

El capítulo ha girado en torno a Jaime Lannister, uno de los personajes con mayor arco dentro de la misma, que ha vivido su redención definitiva (¿será su despedida?). Al comienzo de la serie nos lo presentaron como un villano (claro que no todo es siempre como nos lo presentan) pero ahora mismo parece uno de los personajes más nobles de la misma. En el primer capítulo de la misma aparecía arrojando a un niño por la ventana tras exclamar un sarcástico "las cosas que hago por amor", hoy esa frase ha tomado otro significado cuando Bran, el niño al que lanzó, se la ha repetido después de que Jaime declarase, en una especie de juicio, que todo lo que hizo, lo hizo por su casa y su familia. "Las cosas que hacemos por amor" ha sonado muy distinto ahora, en un momento en el que la mayoría de personajes de la serie se vuelven a reunir en un único espacio para dirimir una cuestión mucho más importante que la casa o la familia, la misma existencia humana.

El capítulo ha estado brillantemente escrito por uno de los que mejor ha entendido el corazón de esta serie, Bryan Cogman. Ha sabido utilizar todas y cada una de las conversaciones y encuentros para definir aún más a los personajes, desde ese momento en el que Davos recuerda a la malograda Shireen, en la niña que quiere luchar, a la sonrisa de Brienne tras ser armada caballero por Jaime. No se la veía tan feliz desde el día en el que su amado Renly Baratheon la nombró miembro de su Guardia Personal. Toda la escena que ha reunido a los hermanos Lannister, Jaime y Tyrion, con Brienne, Podrick, Davos y Tormund ha sido estupenda, con Tormund volviendo a demostrar que es el mejor elemento cómico de la serie (como ya había probado antes, nada más llegar a Invernalia, con su impagable mirada mientras suelta lo de "¿sigue la mujer gigante con nosotros?").

Esa escena parece claramente una despedida y puede que más de uno de los presentes acabe muerto la siguiente semana. Cualquiera de ellos será llorado, desde los más protagonistas, como los propios Lannister, hasta el más secundario, un Podrick que es el encargado de cantar la última canción. No es un secreto que George R. R. Martin es un gran admirador de Tolkien, así que tampoco resulta extraño que ese momento recuerde al de Pippin haciendo lo mismo antes de la batalla de Minas Tirith.

¿La Reina Loca?

Pero puede que el personaje mejor perfilado en este episodio sea el de Daenerys, con poca participación pero dos escenas que nos dicen mucho de ella. Primero se sincera ante Sansa, ganándose su confianza diciéndola que está enamorada de su hermano. Es una parte que nos resuerda a lo que muchos han visto en esta serie, como una mujer toma el control de su destino y se hace con el poder en un mundo de hombres. Pero también hay otra parte de Daenerys, y de los Targaryen en general, su ansia de poder, Daenerys reconoce que lo único con lo que ha soñado es con sentarse en el Trono de Hierro y cuando Sansa le plantea un futuro con un Norte independiente del mismo, Daenerys retira su mano y se hiela su sonrisa. Mucho más significativa es su reacción cuando Jon decide revelarle finalmente su verdadera identidad como Aegon Targaryen. No dice nada sobre su parentesco como tía y sobrino y lo que puede suponer sobre su relación sino que lo primero que le dice es que eso supone que él puede reclamar el trono. Están jugando muy bien la carta sobre Daenerys y lo que puede ser capaz de hacer si alguien la desafía en su reclamación sobre el derecho al Trono sobre los Siete Reinos (cualquiera de los siete). ¿Puede planear el fantasma de la locura de su padre sobre Daenerys?

Siguiendo con el tema de unir con el pasado, parece que el deseo de Robert Baratheon de unir a los Baratheon con los Stark se hace, finalmente, realidad. Y es que Arya cede a sus impulsos con Gendry, no sin antes demostrar que es uno de los personajes más peligrosos de toda la serie. También ha tenido tiempo para despedirse de dos viejos amigos/enemigos como el Perro y Beric Dondarrion. Y es que el capítulo ha vuelto a ser propenso en reencuentros/despedidas. Con los Caminantes Blancos, finalmente, a los Muros de Invernalia, ha sido el momento de que Theon y Sansa se vuelvan a encontrar fuera de la terrible sombra de Ramsay, de la reunión de los pocos restos de la Guardia de la Noche, o de que Missandei y Gusano Gris planeen un futuro juntos fuera del racista Norte. Claro que siendo el preludio de una gran batalla también puede ser la pista que no tienen ninguno.

Y es que si una cosa ha quedado clara en este emocional capítulo, es que ha sido la calma antes de la tormenta. Puede que haya algunos que protesten por un capítulo sin acción pero si el siguiente será el que se recuerde (por el número de bajas) será por capítulos tan bien construídos como este por el que haremos. Puede que esta última temporada se haya reencontrado con su espíritu perdido entre las charlas al fuego de una chimenea y en las copas compartidas. Aleluya.

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