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La sonrisa y la risa, un tratamiento de choque para mitigar 'La soledad del náufrago'

La sonrisa y la risa, un tratamiento de choque para mitigar 'La soledad del náufrago'

lunes 19 de octubre de 2015, 17:37h
Trabajo y diversión no están reñidos. Cuando se unen, forman el teatro. Pero si, además, es a través del filtro de la juventud de una compañía como SieTeatro, la diversión se transforma en gozosa fiesta. Eso es lo que he vivido en El Umbral de Primavera (la coqueta sala de Lavapiés) con una pieza de Pablo Cano Sales (¡atención!, solo 27 años), ‘La necesidad del náufrago’, que viene representándose hace dos meses en la sala y que, al menos va a permanecer allí uno más. Y vaya por delante que la empresa no es fácil porque encadenar 16 historias en unos 80 minutos que no tienen en común más que el nexo del ser humano y su permanente, inagotable e infinita necesidad del otro, de sus semejantes, de verdad que no es tarea nada fácil.
Sin embargo, Cano Sales, que es también el director de escena en el montaje, logra que el espectador de ‘La necesidad del náufrago’ casi no abandone la sonrisa inteligente de principio a fin de la obra. La monotonía, la cotidianidad, el amor, el deseo, la pasión, el sexo, el dinero, la ambición, la amistad, el odio, el dolor, la locura, el maltrato, la violencia, la guerra, el tiempo, la risa y la sonrisa quedan ahí atrapados en las 16 historias cortas que viven unos 80 personajes a quienes dan vida cuatro actores que permanecen en escena de principio a fin, durante la casi hora y media del montaje. Si tuviera que señalar alguna, apuntaría hacia las tituladas El amigo escritor, El crédito, Guerras y matices, Buenos días, El francotirador, La lámpara, Risas y El verano…

Carmen Valverde, Víctor Gómez Alañón, Javier Prieto Fraile y Diego Cabarcos son los cuatro actores que, como maestros de ceremonia, nos trasladan sin solución de continuidad de una historia a otra, sin que por ello el espectador tenga en ningún momento posibilidad de confusión. El director ha rotulado en carteles, que los mimos actores se encargan de cambiar en su constante deambular por el escenario, ese tránsito incesante y sorprendente de situaciones. Es muy difícil apuntar a cualquiera de los cuatro actores porque todos están espléndidos y hacen un trabajo coral tan intenso como fructífero y, si hubiera que apuntar algo, podríamos hacerlo con momentos de cada uno de ellos en tan diversas situaciones. Pero baste decir que los cuatro acaban teniendo que empapar sus cántaros de sudor con una gratificante ducha cuando acaba la función y después de recoger el rio de aplausos entusiastas del público, porque su esfuerzo físico, emocional y mental sobre el escenario tiene que dejar, al menos, esa secuela evidente en todos ellos.

Paisajes

La escenografía, de Tania Tajadura -que firma también el vestuario-, la constituyen 12 sillas -inicialmente agrupadas como si de un árbol mágico se tratase, en mitad del escenario-, un perchero y una lámpara de pie. Los actores mueven milimétricamente todos estos elementos para situarlos de forma distinta en cada escena y configurar así un espacio totalmente nuevo al que se traslada el espectador: a una playa, una cafetería, una oficina del INEM, otra bancaria, una fiesta o a una cama, como nido de amor…

El espacio sonoro, de Eusebio López -que va desde una estupenda versión de Imagine, hasta música italiana de los 50 y 60, pasando por la María Isabel, de Los Payos- y una luz (de la que se encarga Antonio Cabrera) que funde azules con amarillos intensos, naranjas o rojos, en los momentos de la pasión amorosa más intensa, ayudan decisivamente a situar en el espacio y en el tiempo las 16 historias. Una maravilla de imaginación la de SieTeatro para hacer que el público de la sala, con tan pocos elementos, pero tan bien utilizados, viajen siempre con la sonrisa puesta de un lugar a otro, gracias a la magia del teatro de este apasionado grupo de jóvenes.

Las escenas -que es tanto como decir las historias- están tan minuciosa, imperceptible e inteligentemente trenzadas que el espectador no abandona la sonrisa en casi ningún momento de la comedia que, no por ello, deja de estar también preñada de emoción y dramatismo. La madera de las sillas parece contribuir a que ese trenzado de construcción y deconstrucción de situaciones y estados de ánimo de los personajes, sean un fiel retrato de la vida que nos trae y nos lleva a todos, actores y espectadores, residentes y viajeros, lugareños y emigrantes.

La vida no es otra cosa que esa, a veces dolorosa, a veces deliciosa relación que nos impone permanentemente con quienes conviven o coexisten con nosotros. De todos depende que la hagamos -nos la hagamos…- amable u hostil. Un compromiso que, desde luego, después de asistir a ‘La necesidad del náufrago’ queremos vivir con la sabiduría de un andaluz como Cano Sales que, sin duda, se habrá dicho alguna vez aquello de “nunca pasa nada… Y si pasa, se le saluda”.

Un espectáculo más que interesante, de verdad, y más que recomendable si uno busca pasarlo bien y, además, tener decenas y decenas de elementos para reflexionar durante y después de la representación, con la seguridad de una sonrisa. Si no, seguro que El Umbral, como El Corte Inglés, le devuelve su dinero.


‘La necesidad del náufrago’
Dramaturgia y dirección: Pablo Cano Sales
Intérpretes: Diego Cabarcos, Javier Prieto, Carmen Valverde y Víctor Gómez Alañón
Todos los viernes de octubre y noviembre a las 22:30 en la madrileña sala ‘El Umbral de Primavera’.

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