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Obra de teatro 'Hijos de Grecia'
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Obra de teatro 'Hijos de Grecia' (Foto: Luz Soria)

'Hijos de Grecia': la grandeza de la tragedia griega traída a nuestros días

lunes 02 de diciembre de 2019, 19:01h

Con casi cuarenta propuestas en cartel en apenas 15 días en su 37ª edición, para cualquier espectador habitual de teatro no hay un único Festival de Otoño de la Comunidad de Madrid, sino tantos como espectáculos sea capaz de elegir. En nuestro caso han sido exactamente 12, y de ellos hemos ido dando buena cuenta en estas páginas electrónicas. El último –no ha podido ser mejor el colofón- ‘Hijos de Grecia’, de la Compañía [los números imaginarios], dirigido por Carlos Tuñón, el joven director de la troupe de tantos talentos que atesoran conocimiento, pasión, energía, valentía y seriedad a raudales.

‘Hijos de Grecia’ es un megaespectáculo de 12 horas de duración que ha podido verse en dos únicos días –sábado y domingo pasados-, en la Sala Juan de la Cruz del Teatro de La Abadía. 240 butacas y otros tantos espectadores que seguimos con el mismo interés, emoción y pasión las tres partes del espectáculo. La primera, La creación del mundo: hijos de Prometeo y de Edipo (de 11 a 15 h.); la segunda-después de un descanso de 90 minutos para comer algo-, La Iliada, Ifigenia y Filoctetes (de 16:30 a 19 h.), y en un tercer y último tramo, tras un segundo intermedio de una hora, Las Olimpiadas, Orestes y Telémaco (20 a 23 h.). Doce horas de una propuesta de teatro clásico, pero trasladando las gestas y los conflictos de los héroes griegos a nuestros días, con un lenguaje actual, directo, de interpelación constante al público, y en un ambiente festivo como lo fueran las antiguas celebraciones dionisíacas.

A partir de las tragedias griegas, Gon Ramos construye la dramaturgia de ‘Hijos de Grecia’ y sitúa al hombre como centro del universo y a la cultura clásica griega como un espejo en donde puede mirarse el ciudadano de nuestros días: “Este cuerpo pertenece a Gon Ramos Barroso, hijo de Ángel y Loli… Antes de nacer, yo fui dos, porque éramos dos en el vientre de mi madre: Cristina y yo. Y en un momento, según le dijeron los médicos a mi madre, yo empecé a quitarle el alimento a mi hermana melliza y terminé por devorarla…”.

¿En qué medida compartimos hoy las motivaciones, los ideales, las pesadillas, los miedos, los augurios, los objetivos y los métodos de los antiguos héroes de la tragedia griega?, ¿qué legado espiritual -en el más noble sentido del término- vamos a dejar a las generaciones futuras? Partiendo de la experiencia personal (del “cuerpo”, van diciendo, uno tras otro, todos y cada uno de los intérpretes del montaje), los actores encarnan a héroes, dioses y semidioses de la mitología griega, trasladando al espectador sus grandes y pequeñas tragedias vitales, sus profundas heridas íntimas y sus más o menos evidentes heridas corporales que, con sorpresa, éste se da cuenta de que no son muy distintas de las suyas propias… Tremendas y emocionantes las intervenciones de todo el elenco: Nacho Aldeguer, Jesús Barranco (majestuoso Edipo), Irene Doher (emocionante su salida de escena, cantando dentro del baúl), Pablo Gómez-Pando (que declama con la fuerza y la pasión de un huracán), Marta Matute, Selu Nieto, Alejandro Pau, Gon Ramos, Patricia Ruz, Nacho Sánchez (¡enorme Filoctetes!), Irene Serrano (conmovedora la fuerza y los matices de su voz), y Luis Sorolla. Y, como contrapunto humorístico, las sorprendentes y enormemente celebradas interrupciones satíricas y trágicas a la vez -que recuerdan a las chirigotas y las murgas del Carnaval de Cádiz-, las pone Selu Nieto, con la colaboración de Francisco Sánchez Garrido, Jacinto Bobo, Julián Delgado y Rafa Aragón.

Todo comienza entre aromas y fragancias naturales y con la inquietante y creciente fuerza de un sonido, telúrico y moderno a la vez, capaz de trasportar al espectador a otro tiempo y a otro espacio, que interpreta IMPULSIVA (Carlos Gorbe y Daniel Jumillas), bajo la dirección musical de Pepe Alacid. Una música a la que muy pronto se van sumando las voces de todos los actores, convertidos aquí en coro, que inunda hasta el último rincón del espacio escénico y patio de butacas. La escenografía -obra de Antiel Jiménez-, la constituye un gran muro que también servirá como pantalla de proyección, y un par de grandes escalones situados en primer término por donde acceden, contemplan o abandonan muchas veces el escenario los actores, sencillamente vestidos por Paola de Diego. El ambiente íntimo, épico o lleno de zozobra, lo levanta también con su luz –unas veces acerada, otras envolvente, siempre precisa-, Miguel Ruz Velasco.

La espléndida coreografía de Patricia Ruz -presente, de un modo u otro, en buena parte del montaje-, alcanza su máximo esplendor en la interpretación, por todos los actores, del Bolero de Ravel, en clave bélica, como si se tratase del avance de las tropas del bando griego para tomar Troya y acabar así con el combate y con la guerra. Pero no será ese el único sonido musical que atraviese el montaje. Las gracietas de las chirigotas gaditanas, algún pasodoble, (Suspiros de España, y otro más, tocado al acordeón por Pablo Gómez-Pando en homenaje a su abuelo, que hizo botar más de una lágrima), alguna pieza del folklore latinoamericano –Gracias a la vida, entre otras-, y hasta un par de canciones en inglés, bellamente interpretadas por Nacho Aldeguer –con el resto de compañeros de escena haciéndole los coros- y Gon Ramos, cantando a capela el legendario Rocker man, de Elton John.

El teatro inmersivo, valiente y experimental de Los números imaginarios, bajo la acertada y brillante dirección de Carlos Tuñón, alcanza en este ‘Hijos de Grecia’ un nivel extraordinario, que obliga al espectador a seguir con atención cuantas nuevas propuestas puedan surgir de la compañía, y a los distribuidores a mirar con el mayor tino a creadores como estos porque son los valedores de montajes rompedores y respetuosos, a la vez que vanguardistas, y que constituyen parte del mejor teatro que se está haciendo hoy en España y, desde luego, de uno de los más interesantes espectáculos que ha podido verse dentro de este 37º Festival de Otoño de Madrid. Aguardamos ya con la misma impaciencia que interés la edición del próximo año, que ya será responsabilidad exclusiva de Carlota Ferrer.




‘Hijos de Grecia’

Dirección:

Carlos Tuñón

Dramaturgia:

Gon Ramos y el ensemble, a partir de textos de las tragedias griegas

Adjunta a la dirección:

Paula Amor

Ayudante de dirección y producción:

Mayte Barrera

Intérpretes:

Nacho Aldeguer, Jesús Barranco, Irene Doher, Pablo Gómez-Pando, Marta Matute, Selu Nieto, Alejandro Pau, Gon Ramos, Patricia Ruz, Nacho Sánchez, Irene Serrano y Luis Sorolla

Espacio escénico:

Antiel Jiménez

Vestuario:

Paola de Diego

Ayudante de espacio y vestuario:

Berta Navas

Iluminación:

Miguel Ruz Velasco

Director musical:

Pepe Alacid

Música en directo:

IMPULSIVA (Carlos Gorbe y Daniel Jumillas)

Sonido:

Jesús Díaz

Técnica en función:

Rocío Sánchez

Comparsa:

Selu Nieto, con la colaboración de Francisco Sánchez Garrido, Jacinto Bobo, Julián Delgado y Rafa Aragón

Movimiento:

Patricia Ruz

Fotografía y artista visual:

Luz Soria

Audiovisual:

Ales Alcalde

Documentación y medios:

Amanda H C (Proyecto Duas)

Prensa:

Josi Cortés

Producción:

Nacho Aldeguer (Bella Batalla)

Jefa de producción:

Rosel Murillo

Distribución:

Isis Abellán (Proversus)

La presentación de Hijos de Grecia en Madrid cuenta con la colaboración del Teatro de La Abadía

37º Festival de Otoño de Madrid

Teatro de La Abadía, Madrid

30 de noviembre y 1 de diciembre de 2019

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