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'Refugio': teoría de la incomunicación
(Foto: Marcos G.)

'Refugio': teoría de la incomunicación

jueves 11 de mayo de 2017, 09:03h

A finales de 2011, en un artículo que titulé Nadie escucha a nadie,dejé un par de preguntas al aire que creo que nadie, hasta ahora, había respondido con tanta contundencia y lucidez como en el montaje que vamos a comentar. Mi duda era si¿Es que, de verdad, nadie escucha a los demás? ¿Es que la nuestra es una sociedad de autistas?”.

Las respuestas las he encontrado en el nuevo montaje de Miguel del Arco, ‘Refugio’, que acaba de estrenarse en el Centro Dramático Nacional en su sede del Teatro María Guerrero de Madrid, con una propuesta llena de aciertos tanto en la dramaturgia planteada, como en el lenguaje escénico y, en general, en todas las aristas necesarias para construir un montaje que, personalmente, se me antoja magistral.

En ‘Refugio’, se plantea la inmensa dificultad de comunicación entre ocho personajes, que encarnan siete actores sobre el escenario. Ellos son Suso Santiesteban (Israel Elejalde), un político adscrito a un partido indeterminado, que se ve envuelto en un caso de corrupción que, como todos los políticos de nuestro arco parlamentario -sin distinción de sigla alguna-, trata de enmascarar con la utilización torticera del lenguaje. Lo hace ante sí mismo, ante su familia, ante el partido y ante la sociedad, pero teniendo que pagar también un precio muy alto en todos esos círculos. El núcleo familiar del político lo constituyen Amaya (Beatriz Argüello), su mujer, una cantante de ópera que se ha quedado sin voz; los dos hijos de la pareja, Lola (Macarena Sanz) y Mario (Hugo de la Vega); y la abuela, Alicia (Carmen Arévalo). La llegada al domicilio familiar de Farid (Raúl Prieto), un refugiado sirio al que Suso ha acogido, va a distorsionar la convivencia de toda la familia. En su huída para alcanzar la vieja Europa, Farid ha perdido a su mujer, Sima (María Morales, que duplica personaje como Técnico cualificada del partido en el que milita Suso), y a su bebé de tres meses.

La trama de ‘Refugio’ parte inicialmente de la propuesta que formulase en Teorema (1968), el director de cine y escritor italiano Pier Paolo Pasolini (1922-1975). Desde ahí, Miguel del Arco ha construido un drama con una fuerza tremenda y bellísimo desde el punto de vista literario, ya que mezcla primorosamente el lenguaje político con el poético y con el de la calle, y, partiendo del texto, ha levantado un montaje en donde todos los elementos brillan a la altura de la perfección absoluta. En primer lugar, los siete actores, encabezados por un Israel Elejalde metido en la piel de un Suso acorralado por la sociedad, los medios de comunicación, el partido y su propia familia (memorable esa elegía final a la muerte de Farid, que permanece de pie, iluminado, en lo alto de la casa...); genial también la Amaya que construye Beatriz Argüello, frustrada, vencida, que se refugia en el recuerdo de sus más celebradas interpretaciones como soprano; soberbio Raúl Prieto, en su interpretación y en su lenguaje corporal, presentando un Farid abrumado en su conciencia por haber dejado morir en las aguas del Mediterráneo a su mujer y a su hijo; inmensa también María Morales haciendo de Sima, la mujer de Farid, convertida en espejo de la conciencia de su marido, así como de chica mala que pregunta a Suso para entrenarlo ante una hipotética entrevista periodística del político; y estupendos también Macarena Sanz, Hugo de la Vega y Carmen Arévalo, nietos y abuela respectivamente, que muestran energía, descaro y decisión en el caso de los jóvenes, y desinhibición y gracia, en el de la Abuela.

Pero brillan también con idéntica fuerza la escenografía de Paco Azorín, que es sencillamente soberbia: una casaenorme, representada en un cubo de cristal que es, al mismo tiempo, un espacio donde refugiarse, una jaula y una cárcel de oro para todos los personajes de ‘Refugio’. Y otro tanto puede decirse de la hermosa luz de Juan Gómez-Cornejo, la increíble música de Arnau Vilà y el primoroso vestuario de Sandra Espinosa.

Farid ni entiende el idioma de su familia de acogida, los Santiesteban, ni quiere entenderlo tampoco. Esa circunstancia lo convierte en el interlocutor ideal para todos los miembros de la familia del político, que lo utilizan como esponja de sus contratiempos, sus miserias, sus frustraciones, sus planes -más o menos descabellados, pero siempre egoístas- y demonios personales y familiares. Farid sirve así de sparring en el que recaen todos los golpes, aunque él no entienda nada de lo que le dicen como forma inmediata y práctica del desahogo personal de todos ellos. De esa forma -y este es el meollo de la cuestión-, Farid se convierte en el refugio de los habitantes de la casa en donde él mismo habita también como refugiado. Son dos formas, aparentemente opuestas, pero realmente idénticas de evitar la comunicación. Los unos porque lanzan palabras y palabras frente a un espejo mudo, Farid, y este porque bastante tiene dialogando consigo mismo, con su conciencia, como para intentar entender a los demás. Se basta con su silencio y su dolor.

Un montaje tan lúcido como amargo, tan doloroso como necesario, tan inquietante como revelador, que muestra una vez más que Miguel del Arco, no es que escriba y dirija estupendamente teatro, es que es el mismo teatro.

‘Refugio’

Autor y Director: Miguel del Arco

Intérpretes: Carmen Arévalo, Beatriz Argüello, Israel Elejalde, María Morales, Raúl Prieto, Macarena Sanz y Hugo de la Vega

Sonido: Sandra Vicente (Estudio 340)

Video-creación: Miquel Ángel Raló

Ayudante de dirección: Gabriel Fuentes

Diseño cartel: ByG / Isidro Ferrer

Fotos: marcosGpunto

Teatro María Guerrero, Madrid

Hasta el 11 de junio de 2017

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