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Amor y desamor palpitan en 'La clausura del amor', de Pascal Rambert, con Israel Elejalde y Bárbara Lennie grandiosos
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Amor y desamor palpitan en 'La clausura del amor', de Pascal Rambert, con Israel Elejalde y Bárbara Lennie grandiosos

lunes 16 de noviembre de 2015, 15:54h
‘La clausura del amor’, una pieza escrita y dirigida por el francés Pascal Rambert, que Israel Elejalde interpreta junto a Bárbara Lennie, ha podido verse en los Teatros del Canal, dentro del Festival de Otoño a Primavera, del 11 al 15 de noviembre. La obra, un combate cara a cara de una pareja que acaba de romper su relación, se estrenó, hace cuatro años, en el prestigioso Festival de Aviñón de 2011. Su representación en los Teatros del Canal de Madrid ha supuesto un verdadero acontecimiento porque las entradas para las cinco únicas funciones programadas estaban agotadas semanas antes de su estreno.

Escrita en el verano de 2010 en apenas un mes, llevaba ya gestándose varios años antes en la cabeza de su autor, que ya había pasado por la dolorosa experiencia de una separación. Tras el estreno de Aviñón, la obra se ha representado en más de veinticinco versiones por todo el mundo, de las que Rambert ha dirigido diez y, a juzgar por los múltiples reportajes que los medios madrileños han dedicado estos días al estreno, el autor francés está especialmente satisfecho del resultado alcanzado en esta, debido fundamentalmente a la densidad interpretativa de la pareja de actores españoles.

En el escenario, despojado de todo, sin un solo objeto sobre él, aparecen Israel y Bárbara, situados en diagonal y separados entre sí unos quince o veinte pasos. La iluminación (a cargo de Pau Fullana) -totalmente homogénea y que no cambia en las casi dos horas de función-, proviene de 30 tubos fluorescentes blancos, repartidos simétricamente por el inmenso cuadrilátero. Es cegadora y se proyecta sobre un suelo también blanco en el que no hay ni una sombra de los actores. No suena el gong, pero un combate mucho más que dialéctico comienza sobre él. Un hombre y una mujer, frente a frente, van a desgranar sus más profundos sentimientos en dos monólogos consecutivos de poco más de 50 minutos cada uno -primero habla Israel, luego Bárbara- sobre las razones profundas que les han llevado a separarse, después de una larga e intensa convivencia de pareja.

Parecen haber pactado una sola regla: el monólogo de uno y de otro no puede interrumpirse y, aunque hay algún atisbo de intento por ambas partes, no se oye ni una sola réplica de quien escucha. El único diálogo posible es la reacción de los cuerpos, los gestos vehementes, enérgicos o desesperados de quien habla y la tensión, el recogimiento y el dolor de quien escucha. Primero es Israel quien habla y va golpeando con las palabras a Bárbara que se va encogiendo poco a poco -mirada fija en Isra, hombros caídos, cuerpo recogido hasta llegar a doblarse….- y luego es Bárbara quien responde a Israel, desmontando punto por punto los argumentos lanzados por él, hasta llegar a demolerlo en el mismo rincón que ella había ocupado durante unos cincuenta minutos encajando sus balazos, golpes bajos, sus zarpazos que ahora le toca digerir a él.

Rabia y rencor

Los dos ‘asaltos’ sobre el metafórico ring boxístico están separados por la inesperada irrupción del coro de niños Las Veredas, (16 exactamente, el mismo número de pasos que separan la mayor parte del tiempo escénico a los personajes-, que cantan una nana hermosísima, llena de inocencia y candor (“duerme, ... las estrellas te acunarán...”), que contrastan con la rabia, el rencor, el dolor y la ferocidad que se destila en las palabras de la pareja antes y después de la actuación de los niños cantores. Un texto, el de Pascal Lambert, que es tan profundo, poético y hermoso como cortante, violento, desgarrador y zahiriente y que recuerda en muchos momentos el estilo de Bernard-Marie Koltès.

La interpretación de Israel Elejalde y de Bàrbara Lennie es gigante, grandiosa, sublime… Desde el primer segundo que Israel habla en escena, el silencio se corta en la sala: “Hay que reconfigurar nuestra relación”… “Tu pecho y tu mirada ya no me excitan nada... Me gustaba tu cerebro, tus muñecas...”. “Ya no te deseo, Bárbara”. “…Esto es el caos, Bárbara”. La crudeza de sus palabras provocan un inmenso vacío existencial en Bárbara que escucha con el corazón encogido, las lágrimas en los ojos y con todos sus músculos tensos y retorciéndose en el rincón, agazapada para protegerse de las andanadas dialécticas del hombre (“Nos gustaba amarnos, Bárbara,... Pero en el fondo, ¿a quién amamos cuando amamos?”).

Bárbara, en la segunda parte del combate/monólogo derrocha intensidad, sentimiento, pasión, vida y fuerza con las que va derribando, una una, todas las afirmaciones y argumentaciones de Israel que ahora es quien se retuerce, se encoge, dolido por las palabras que escucha en boca de la que fuera su mujer: “¿Has acabado? ¿Lo has dicho todo? No va a ser una decisión unilateral. Va a ser bilateral...”. “Menudo caos tienes en la cabeza”. “… ¿Quién eres tú para haberme hablado así?”. Y, más adelante, Bárbara, todavía enamorada de Isra, le espeta que “te he amado, Isra”. “… Nuestra vida era una mirada común, con nosotros que giraba...”. “Bienvenido al infierno, Isra”. Reproche, tras reproche, va deshilando respuesta tras respuesta los temas que él había tocado. Ella, con mucha fuerza, aunque a veces llora, pero se recompone “¿Quién te ha aguantado todos estos años que tu estima estaba muerta?”. “Hubiera dado mi vida porque fueras feliz”. “¿Cómo has podido golpear tanto?”. “…Misión cumplida, Isra, el corazón esta arrancado”.

Pero el espectador no asiste indemne a este durísimo, feroz, apasionante y extenuante combate dialéctico de la pareja. La incomodidad creciente y el desasosiego se adueñan, poco a poco, de él hasta que ambos desaparecen por los laterales opuestos del escenario y un momento después reaparecen desnudos de cintura para arriba, igualmente alejados, uno en cada extremo, para volver a fundirse instantes después en el negro abismo de la oscuridad. Ese es el momento en que la sala entera, puesta en pie, y durante unos larguísimos minutos, tributa a los dos actores un intenso y merecidísimo aplauso que corresponde al desgarro interior y la fuerza interpretativa de dos actores que han subido al escenario para representar este durísimo montaje, ‘La clausura del amor’, que los espectadores no podrán borrar jamás de su recuerdo del mejor teatro vivido.
Imprescindible.

‘La clausura del amor’, escrita y dirigida por Pascal Rambert
Traducción y versión: Coto Adánez
Intérpretes: Israel Elejalde y Bárbara Lennie
Diseño Escenografía: Eduardo Moreno
Diseño Vestuario: Sandra Espinosa
Producción: Buxman Producciones y Kamikaze Producciones
Teatros del Canal
Teaser: Http://www.teatroscanal.com/espectaculo/la-clausura-del-amor-teatro/

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