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'24 horas en la vida de una mujer': Entre la pasión irrefrenable y el sentimiento de culpa
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'24 horas en la vida de una mujer': Entre la pasión irrefrenable y el sentimiento de culpa

viernes 15 de diciembre de 2017, 17:58h
Tres cuartos de siglo después de morir el escritor y pacifista austriaco Stefan Zweig (1881-1942), se presenta ahora en el Teatro de La Abadía una de sus más celebradas novelas breves, ‘24 horas en la vida de una mujer’ (1927), convertida en un estremecedor musical de cámara intimista. El montaje está dirigido por Ignacio García y protagonizado por Silvia Marsó, quién después de acudir en París al montaje original de Christine Khandjian y Stéphane Ly-Coug, con música original del compositor ruso Sergei Dreznin, decidió lanzarse a producir el espectáculo en España. El resultado, desde luego, no ha podido ser mejor.

El libreto cuenta una historia situada en Europa, en el periodo de entreguerras. Mrs. C., aristócrata, viuda y con hijos ya mayores, tiene una vida burguesa, sosegada y sin grandes sorpresas. Todo está atado y bien atado y, con seguridad casi absoluta, puede predecirse qué actividad lleva a cabo cada día de la semana, del mes, del año. Pero v a romper, al menos por una vez, esa vida regular, monótona y aburrida, con una visita al casino de Montecarlo. Allí tendrá un encuentro inesperado, fortuito, que va a cambiarle todos sus principios éticos, morales y de vida… Todo comienza cuando se cruza con un joven jugador que esa noche pierde todo su dinero en la ruleta. Desesperado, abandona el casino con claras intenciones de suicidarse. La aristócrata, siguiendo un impulso irracional e imparable, va tras él y consigue abortar sus intenciones. Pero, para evitar que pueda volver a repetir el intento, decide quedarse junto a él las siguientes 24 horas…

Silvia Marsó es una estupenda, apasionada y elegantísima Mrs. C. Su personaje le permite desplegar todas sus dotes de actriz y cantante, dos cualidades muy difíciles de encontrar reunidas en una misma persona, y en el nivel que adquieren en su caso. Borda un papel nada fácil de sostener durante casi hora y media de permanencia constante en escena. Junto a ella, también otros dos magníficos actores y cantantes, Felipe Ansola, el Joven (ludópata, febril, religioso y, en cierto modo, enamorado también de la aristócrata), y Víctor Massán, el Hombre (maestro de ceremonias, croupier, revisor del tren…). Y con ellos, tres magníficos músicos: Josep Ferré, Gala Pérez Iniesta e Irene Celestino -piano, violín y violoncello-.

En la función, como en la novela del escritor austríaco, queda patente que el hombre no es tan dueño de su vida como cree ser. El control social ejercido por las costumbres (“Hay gente que comenta, hay otros que hablan bien, también los hay que intentan mintiendo a tutiplén…”), el estatus económico y profesional, las afinidades políticas, la religión, el lugar de nacimiento o, incluso, el sexo, cuentan mucho. Ser mujer o ser hombre, sí determina en gran medida el rol de cada uno de nosotros. Y todo ello, como en el caso de Mrs. C., constituye un corsé incluso para los sentimientos más íntimos del que es muy difícil escapar... Pues bien, todos estos estados emocionales se pronuncian mucho más con la música tremendamente descriptiva de Sergei Dreznin, con raíces en la de Piazzolla o de Debussy.

Junto a la extraordinaria dirección de escena de Ignacio García, inciden también enormemente en el resultado final del montaje Arturo Martín Burgos en la escenografía (unos enormes cortinones que los mismos actores recogen o despliegan para construir los distintos espacios), Mireia Ros en las imágenes, Juanjo Llorens en la iluminación (toda una lección técnica sobre el tema para los amantes de la luz) y Ana Garay en el precioso vestuario, ayudan a que el espectador se sumerja en ese torbellino de pasiones y de sentimientos por donde siempre anda sobrevolando la culpa. Pero donde hay amor, las medias verdades son sinónimo de mentiras, y la mentira no tiene cabida en quien ha decidido abrazar la libertad, aunque solo sea durante 24 horas de su vida.

Del montaje no solo disfrutarán quienes amen los musicales -sean del género que sean- sino también todos aquellos espectadores que gusten de un trabajo perfectamente interpretado y trenzado hasta en el más mínimo y sutil detalle porque estas '24 horas en la vida de una mujer' está plagado de ellos.

'24 horas en la vida de una mujer'

(Basada en la novela del mismo título de Stefan Zweig)

Dirección y adaptación: Ignacio García
Dramaturgia
: Christine Khandjian y Stéphane Ly-Cuong
Composición musical
: Sergei Dreznin
Dirección musical
: Josep Ferré
Escenografía
: Arturo Martín Burgos
Diseño de iluminación
: Juanjo Llorens
Coreografía
: Helena Martín
Diseño de vestuario
: Ana Garay
Ayudante de dirección
: Amparo Pascual
Coach vocal
: Maribel Per
Espacio sonoro
: Nacho García
Diseño de sonido
: Albert Ballbé
Dirección de producción
: Silvia Marsó

Teatro de La Abadía, Madrid

Hasta el 7 de enero de 2018

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