www.diariocritico.com

Feria de Otoño

Para el periodista y aficionado taurino es un bálsamo- y desquite espiritual-viajar por España para ver toros. Y en esta época, en que el verano pasa a mejor vida, no hay lugar más idóneo que las Ventas, donde la Feria de Otoño se vive, si me apuran, de forma más intensamente que la principal, que es escaparate del toreo: la de San Isidro. De entrada, entras sin tangos agobios ( salvo los que por norma, no respetan el sagrado rito taurino), y alejando tráfico, comidas de última hora y demás excusas pueriles, llegan cuando la gente se está aposentando en los tendidos. Prueba de la menor incidencia de la feria otoñal, la encuentras tras pasar el fielato de la Puerta Grande ( en esta ocasión con empleados más “simpáticos” que en el ciclo isidril…). Y de las dos barras que permitían hacer tiempo antes, o comentar la post- corrida, sólo ha abierto una, la más cercana a la puerta de salida, o entrada…

El sabio refranero español siempre acierta. Sí, hombre, si: por ejemplo con aquello de 'días de mucho, vísperas de ‘na’. Que se cumplió en grado máximo en el cierre del ciclo otoñal, merced a una descastada y floja corrida de Adolfo Martín, que acabó con las ilusiones de una terna sin ninguna opción de triunfo, en cuyo balance de silencios sólo se salvó la ovación a Curro Díaz por los destellos de clase ante su segundo.

La emoción que no alumbró la pésima, por descastada y floja, corrida de Fuente Ymbro, la pusieron al alimón los aficionados madrileños y ‘su’ torero desde hace dos décadas, Manuel Jesús ‘El Cid’. Porque el sevillano se despedía de ‘su’ plaza de Las Ventas, en la que alcanzó los mayores momentos de gloria, sobre todo con su mágica mano izquierda, de su brillante carrera. Este Cid coletudo no pudo campear de nuevo en su adiós, y por culpa de los toros –o lo que fuera aquello que se lidió (es un decir)- tampoco Emilio de Justo, aunque dejó brillantísimo destellos, ni Ginés Marín.

Apareció el primer toro, o lo que fuera aquello, y ya apuntó lo que iba a ser la tarde. Porque el burel, o lo que fuera aquello, tras barbear tablas por su mansedumbre durante escasos segundos, buscando una salida que no encontró, intentó saltar al callejón, no lográndolo por muy poco. De similar guisa descastada fueron sus hermanos de Puerto de San Lorenzo, aunque no le imitaron en lo del salto, pero sí en el desafuero de bravura. Un asco de encierro, auténticos bueyes de carreta que no dieron opciones de lucimiento a la terna de Daniel Luque, Juan Leal y Juan Ortega.

El riojano caló hondo en los tendidos con dos grandes faenas, cortó tres orejas a ley y abrió la Puerta Grande

"¡Torero, torero!" El grito ansiado por cualquier coletudo en el altar venteño rugió desde los tendidos en honor de Diego Urdiales y su apoteosis del toreo de verdad de verdad de la buena. Tres indiscutibles orejas, tres cortó el riojano en un actuación maciza que siempre se recordará, sobre todo su faenón al segundo de sus bureles. También destacó un heroico Octavio Chacón con una oreja de mucho peso y un interesantísimo y variado encierro de Fuente Ymbro con un soberbio tercero que se le fue a un ventajista y vulgar David Mora.

Sí, claro que sí. Ya sabemos que es un tópico. Pero un tópico real que explica la grandeza de la Fiesta. La cara y la cruz, el triunfo y la cornada. Ambos se dieron este domingo en un festejo interesante en casi todo su desarrollo en el que la peor parte se la llevó Ginés Marín, herido en la mandíbula -de pronóstico reservado- por su segundo, y la gloria, ganada a base de verdad y espadazos, fue para Emilio de Justo. Con un encierro desigual de presencia y juego de los dos hierros del Puerto, Román, con el peor lote, pasó casi de puntillas.

Los hados del destino son así de juguetones. El máximo protagonista del primer festejo otoñal era Talavante, responsable del entradón bordeando el ‘no hay billetes’, con su gesto de anunciarse en dos ocasiones, sí. Más, sin embargo lo noticioso se lo llevaron con la cruz Fortes, herido por el quinto bis tras una espeluznante cogida, y el toricantano Pablo Aguado, que al margen de si hizo méritos suficiente para la oreja que cortó, dejó el doblete de su sello artista y valeroso. En un mal encierro de las dos divisas de Victoriano del Río, el teórico protagonista cumplió.

Detalles del sevillano y de Rafaelillo ante una corrida de Adolfo que decepcionó

No es que haya vuelto a campear en lo que antaño fue 'su' plaza de Las Ventas, pero Manuel Jesús El Cid, frente a bicornes de una ganadería que conoce muy bien, apuntó otra disposición a la de sus últimas tardes e incluso cierto lucimiento. Pero unos 'adolfos' justos de fuerza y casta no colaboraron, quedando todo en buenas intenciones a las que se unieron Rafaelillo, también con detalles, y Morenito de Aranda, que pechó con un lote imposible.

Una corrida con mezcolanza de bicornes de Fuente Ymbro en diversa catadura mantuvo el interés de la tarde y sirvió para que el veterano Eugenio de Mora mostrase su clasicismo y calidad -con no suficiente eco en los tendidos- y para que el joven Román echara toneladas de valor, al margen de una oreja que se protestó, y aumente su cartel en la cátedra. Juan del Álamo, que realizó el mejor toreo de capote, pasó de puntillas en todo lo demás.

La mayoría de las figuras, con la excepción de Manzanares y Talavante, fracasaron en su examen venteño en el pasado abono de San Isidro, a pesar de lo cual ni siquiera se presentan a los de septiembre, y octubre, que conforman la Feria de Otoño. Un ciclo, del 29 del actual mes al 2 de octubre, muy interesante con matadores la mayoría jóvenes que han dejado buen sabor, y nota alta, en sus respectivos paseíllos de esta temporada en la Monumental. En el aspecto ganadero destaca la presencia y repetición de la divisa torista de Adolfo Martín, que tampoco aprobó en mayo y tiene una nueva oportunidad. El ciclo que comienza este jueves con una novillada, es el último de la actual empresa del coso, Taurodelta, derrotada en la subasta para su gestión los próximos cuatro años por Simón Casas.

FERIA DE OTOÑO

Una entonada y muy torera faena de El Cid, que recordó sus mejores tiempos con su toreo al natural, fue lo único destacable del segundo festejo de Otoño, en el que fracasó totalmente la ganaderia de Puerto y parcialmente lo hicieron Castella y Perera.
  • 1

Apoteosis de Antonio Ferrera en su arriesgado reto en solitario en la cátedra de Las Ventas, donde ha ofrecido una dimensión extraordinaria por su calidad, capacidad e inspiración a lo largo de toda la tarde. Desde el primer capotazo de recibo y en los quites, que sería el inicio de una original sinfonía torera, hasta el último muletazo al bicorne que cerró una función para recordar. El extremeño, entregadísimo y torerísimo, se ha subido a ese más que complicado y casi imposible altar de ser 'torero de Madrid'. Casi 'na'. De Madrid y del mundo, 'primus inter pares', sumo sacerdote el toreo. Más allá de las dos orejas que cortó y que no reflejan su extraordinaria actuación, mucho más allá. Por fortuna, en la Fiesta no valen las estadísticas y sí el sacrosantamente laico toreo de verdad de verdad de la buena. Y olé.

El oficio de matador de toros, como su nombre indica, obliga a eso, a matarlos. Que es lo que llevó a cabo Paco Ureña tras una faena de mucha pureza, cerrada con un gran espadazo para echar en su esportón una oreja de mucha fuerza. Y la tizona privó a Perera de premio tras una labor espectacular a su último burel, un ‘cuvillo’ que fue el único encastado de un encierro de divisas comerciales que dejó mucho que desear.

Interesante novillada la que Fuente Ymbro ha lidiado en la primera de la Feria de Otoño, por la variedad de su comportamiento, todos con más o menos matices cumplieron en los caballos y dos de sus ejemplares fueron aplaudidos en el arrastre. Frente a ellos destacó sobretodo Tomás Rufo, que sumó una oreja de cada bicorne y alcanzó el sueño de descerrojar la Puerta Grande y salir a hombros en volandas por allí.

Es lamentable tener que echar mano del tópico, pero es que se repite en demasía, por desgracia. Sí, ese aserto de ‘corrida de expectación, corrida de decepción’. Cual la de reinicio del ciclo otoñal en su segunda parte, porque tras el exitazo de Adolfo Martín con su ‘Chaparrito’ , que se llevó todos los premios al mejor toro en San Isidro, le llegó la de arena con un encierro sosísimo y sin un ápice de bravura. Lo que impidió el triunfo de la terna, incluyendo a un Talavante que anduvo espeso y dubitativo.

Un festejo con altibajos en el comportamiento de los bicornes de Fuente Ymbro, con tres y tres. O sea la mitad con opciones de triunfo, en diversa gradación, para los coletudos, pero que, salvo la excepción de Francisco de Manuel, con el exigente tercero. Mientras que los otros dos correspondieron en suerte –más bien en desgracia- a Pablo Mora, que se fue de vacío. Menos opciones tuvo un gris Juanito con su lote que tampoco se comían a nadie.

Llegan los exámenes de septiembre a la cátedra de la plaza de Las Ventas. Pero, con la excepción de Alejandro Talavante, ninguno del resto de los mandamases del escalafón se atreve a dar la cara de nuevo ante la exigente afición madrileña. Eso sí, el doblete del extremeño, que incluye el reto de anunciarse en una corrida torista como es la de Adolfo Martín, ha creado una gran expectación. Hasta el punto de que se ha batido el récord de abonados con más de 16.000.

> Torería a tope del linarense y valor que compartió José Garrido

El festejo venteño con inesperado comportamiento duro de un encierro del Puerto fue pródigo en peligro y 'cornás', sin llegar a tanto como lo que a similar hora acontecía en Ferraz. Por fortuna las de Las Ventas, con un Curro Díaz heroico y artista, y un José Garrido también entregado y valentísimo, no fueron graves, milagosamente. Eso sí, ninguno de los dos coletudos se vio obligado a dimitir... de sus labores, concluyendo sus faenas. No como en la sede de un PSOE al que cada día se le caen más la S y la O.

Novillos posmodernos, frente a novilleros posmodernos y copiones de las figuras del escalafón superior. O sea, festejo plomizo y aburrimiento para empezar la edición de la Feria de Otoño con un encierro del exmatador de toros Joselito rayando la invalidez y ayunos de sangre brava, y una terna de coletudos aburridos que, en sus faenas, salvo un par de momentos de Vanegas y Aguado, aumentaron el sopor en los tendidos. O sea, peor, imposible... o casi.

Un encierro sin opciones de triunfo

Peor, imposible. O casi. No es que fuese la crónica de un pertardo anunciado. O casi. Porque la otrora puntera ganadería de Fuente Ymbro, tan del gusto de las figuras, ahora está podrida, como ya demostró hace unas meses en la cátedra de Las Ventas. Y como todo puede ir a peor, pues eso, que fue. Contra estos supuestos animales bravos, además muy escasos de fuerzas, se estrellaron tres novilleros punteros, que acabaron tan aburridos como el cotarro. Peor, imposible. O casi.