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     6 de julio de 2022

Feria de Otoño

Dos de los coletudos que se encuentran en el mejor momento de sus desiguales carreras, el veteranísimo mago Morante de la Puebla, que cortó una oreja a ley, y el joven Ginés Marín, que se llevó dos -la segunda quizás excesiva-, calaron hondo en los tendidos con su buen toreo. Ambos en el único de sus respectivos lotes que ofreció opciones suficientes en un encierro de Alcurrucén de irreprochable trapío y variado pelaje, pero vulgar y de escaso juego menos el sexto. Por su parte López Simón, que se libró milagrosamente de una cornada en su primero, se limitó a cumplir.

El Juli y Perera, vulgares ante un pésimo encierro de Santiago Domecq

Lo peor no fue el tópico, que desgraciadamente se cumple tantas veces, de corrida de expectación, corrida de decepción, no. Lo peor es que, también por desgracia, la otrora exigente cátedra del toreo cada día es más blanda y jaleadora. Así, con escasas protestas por un encierro inválido y descastado, a excepción del tercero, y más propio del matadero que de un festejo, Luque echó en su esportón un trofeo de escaso fuste mientras que El Juli y Perera practicaron el (des)toreo actual: ventajista en grado máximo y vulgar en lo artístico, a pesar de los aplausos.

'Casero', lidiado en quinto lugar, fue un gran bicorne con bravura y casta

La cara y la cruz del toreo. Por supuesto, siempre respetando y admirando a los coletudos, si. Pero también exigiéndoles, claro. Más a las figuras superconsagradas, como Manzanares, al que correspondió ‘Casero’ un toro bravo de Victoriano del Río que le ofrecía las dos orejas y un triunfo clamoroso… si era bien toreado, por supuesto. Lo que el alicantino, eternamente ventajista, no llevó a cabo. Su imagen fue la contraria de Paco Ureña, quien como es habitual con la verdad por delante, emocionó en sus intentos casi siempre conseguidos de pureza en su primero. Un animal que fue la excepción positiva en un conjunto de Jandilla y Victoriano del Río desigual de presentación y casi parigual en flojera y descaste.

El coletudo sólo cortó una oreja al sobrero de Pallarés que pidió lidiar

La difícil apuesta le salió mal. No de petardo gordo, pero sí muy lejos de lo que Antonio Ferrera pretendía al encerrarse en solitario en Las Ventas frente a seis toros de Adolfo. Fallaron los adolfos, deslucidos y flojos en general, sí; mas también el balear-extremeño, suficiente en su lidia pero muy espeso en ideas y en arte. Consciente quizás del fiasco, el coletudo pidió dos sobreros –el presidente sólo le permitió uno, según manda el reglamento- de Pallarés para cortar una oreja. Quienes sí triunfaron y escucharon las más sonoras ovaciones fueron un buen número de subalternos de plata y uno de oro.

Toreo artístico de Juan Ortega y oreja de escaso fuste para El Juli

Emilio de Justo volvió a subirse a la cumbre de la Fiesta descerrojando, por segunda vez consecutiva en esta temporada, la Puerta Grande de Las Ventas con una faena de mucha pasión y clasicismo, que caló tan hondo en los espectadores que le aclamaron con gritos de ‘Torero, torero’. Fue ante el único bicorne encastado, el quinto, al que desorejó, de una decepcionante corrida de Domingo Hernández y Garcigrande. En la que también lucieron los pellizcos artísticos de Juan Ortega en el de cierre y en la que El Juli cortó una oreja de escaso fuste al primero.

Incoloro, inodoro, insípido, plúmbeo y lo que ustedes quieran. Es el resumen de la segunda y última novillada del ciclo otoñal por culpal del deslucidísimo encierro de López Gibaja, uno de los peores que se han lidiado –perdón, que han salido al ruedo, porque la lidia es otra cosa- en Las Ventas en los últimos años. Ante semejante desafuero de casta, del que se salvó el tercero, sólo se pudo salvar Alejandro Adame precisamente con ese novillo apuntando detalles interesantes de buen toreo. Sin opciones quedaron sus compañeros de terna, y desgracia, Alejandro Fermín e Ignacio Olmos.

Sólo dos ovaciones para Alberto Lamelas, con el lote menos malo

Se cumplió el aserto de corrida de expectación, corrida de decepción. Por culpa, fundamentalmente de los bicornes de Victorino Martín, de indigna presentación general para Madrid y ayunos de sangre brava en sus venas y arterias. No dieron casi juego, aunque salvo Alberto Lamelas, tampoco el veterano López Chaves y el novel José Enrique Colombo, quizás contagiados por lo poco que ofrecían sus enemigos, anduvieron más allá de un tono grisáceo.

Novillada sin trapío y escaso juego de Fuente Ymbro

Salieron indemnes, incluso vivos, de milagro. Sí, porque Isaac Fonseca y Manuel Perera fueron revolcados en muchas ocasiones por sus primeros novillos, que los tuvieron a su merced repetidas veces, y lo que se presumía como graves percances quedó milagrosamente sólo en paliza física. A pesar de la cual, derrocharon valor ante esos bicornes y en el otro de su lote. Mejor parado salió Manuel Diosleguarde, al menos en la estadística, pues cortó una oreja de escaso fuste. Todo en un encierro de Fuente Ymbro de indigna presentación para Madrid con sólo un novillo destacado y codicioso.

Feria de Otoño: pésima actuación de la empresa de Las Ventas

Peor, imposible. Toda una serie de circunstancias negativas, en las que la empresa tiene grave responsabilidad, confluyeron para que tras la lluvia caída horas antes el ruedo presentara un estado que lo dejaba impracticable para la lidia. Por ello, la corrida inicial de la Feria de Otoño, prevista para este viernes, se aplaza dos semanas. De modo que Diego Urdiales, Manzanares y Paco Ureña harán el paseíllo en Las Ventas el 8 de octubre para lidiar un impresionante encierro de Jandilla/Vegahermosa y Victoriano del Río.

Es la crónica de una muerte anunciada. De la muerte de la temporada madrileña en Las Ventas. Sí, el anuncio por parte de la empresa de los carteles de la Feria de Otoño, el último fin de semana de septiembre y el primero de octubre más el añadido colofón de la tradicional corrida del 12 de octubre. Todo ello viene a hacer oficial lo que la afición y la mayoría de la crítica se temían: con ellos concluye la mínima campaña taurina -con anterioridad sólo dos corridas y un festival más político que otra cosa- en la cátedra y catedral del toreo que es la Monumental. Unas combinaciones en las que, quizás para compensar el desafuero, se anuncian por primera vez en muchas ediciones varias de la figuras, destacando la vuelta de Morante. A ellos se añaden algunos, porque faltan otros que lo merecen, de los coletudos emergentes este año.

Para el periodista y aficionado taurino es un bálsamo- y desquite espiritual-viajar por España para ver toros. Y en esta época, en que el verano pasa a mejor vida, no hay lugar más idóneo que las Ventas, donde la Feria de Otoño se vive, si me apuran, de forma más intensamente que la principal, que es escaparate del toreo: la de San Isidro. De entrada, entras sin tangos agobios ( salvo los que por norma, no respetan el sagrado rito taurino), y alejando tráfico, comidas de última hora y demás excusas pueriles, llegan cuando la gente se está aposentando en los tendidos. Prueba de la menor incidencia de la feria otoñal, la encuentras tras pasar el fielato de la Puerta Grande ( en esta ocasión con empleados más “simpáticos” que en el ciclo isidril…). Y de las dos barras que permitían hacer tiempo antes, o comentar la post- corrida, sólo ha abierto una, la más cercana a la puerta de salida, o entrada…

El sabio refranero español siempre acierta. Sí, hombre, si: por ejemplo con aquello de 'días de mucho, vísperas de ‘na’. Que se cumplió en grado máximo en el cierre del ciclo otoñal, merced a una descastada y floja corrida de Adolfo Martín, que acabó con las ilusiones de una terna sin ninguna opción de triunfo, en cuyo balance de silencios sólo se salvó la ovación a Curro Díaz por los destellos de clase ante su segundo.

Apoteosis de Antonio Ferrera en su arriesgado reto en solitario en la cátedra de Las Ventas, donde ha ofrecido una dimensión extraordinaria por su calidad, capacidad e inspiración a lo largo de toda la tarde. Desde el primer capotazo de recibo y en los quites, que sería el inicio de una original sinfonía torera, hasta el último muletazo al bicorne que cerró una función para recordar. El extremeño, entregadísimo y torerísimo, se ha subido a ese más que complicado y casi imposible altar de ser 'torero de Madrid'. Casi 'na'. De Madrid y del mundo, 'primus inter pares', sumo sacerdote el toreo. Más allá de las dos orejas que cortó y que no reflejan su extraordinaria actuación, mucho más allá. Por fortuna, en la Fiesta no valen las estadísticas y sí el sacrosantamente laico toreo de verdad de verdad de la buena. Y olé.

La emoción que no alumbró la pésima, por descastada y floja, corrida de Fuente Ymbro, la pusieron al alimón los aficionados madrileños y ‘su’ torero desde hace dos décadas, Manuel Jesús ‘El Cid’. Porque el sevillano se despedía de ‘su’ plaza de Las Ventas, en la que alcanzó los mayores momentos de gloria, sobre todo con su mágica mano izquierda, de su brillante carrera. Este Cid coletudo no pudo campear de nuevo en su adiós, y por culpa de los toros –o lo que fuera aquello que se lidió (es un decir)- tampoco Emilio de Justo, aunque dejó brillantísimo destellos, ni Ginés Marín.