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'Juegos para toda la familia': perversión y violencia extremas
(Foto: Laura Ortega)

'Juegos para toda la familia': perversión y violencia extremas

Sergio Martínez Vila vuelve a cargar sin piedad contra el poder, contra quienes abusan de todo y de todos para demostrar permanente y explícitamente que no hay límites en la amoralidad ni en la ambición de ciertas gentes. Lo hace en ‘Juegos para toda la familia’, montaje que se presenta en la Sala de la Princesa del Teatro María Guerrero, dirigido por Juan Ollero, que redondea una propuesta provocadora, inquietante y acerada que levanta astillas en todas las conciencias…

Dramaturgo y director desnudan aquí los resortes íntimos de los miembros de una familia que se ha enriquecido a través de la venta de armas. En ciertos negocios -y este, desde luego, es uno de ellos- no hay ética que valga. Lo único que importa es la cuenta de resultados independientemente de que los clientes sean o no países que tengan en cuenta en sus legislaciones el respeto a los derechos humanos. Y, si en sus relaciones comerciales, no se andan con chiquitas, en las personales aún menos porque -como siempre se alude en estos casos-, eso de que todo queda en el ámbito privado, es el recurso habitual para justificar lo injustificable. En su caso, ciertos juegos macabros que llevan a cabo todos sus miembros, con ocasión del cumpleaños del hijo (el Nene), es decir, los padres, la chica de servicio y el propio hijo.

Para combatir el tedio cotidiano, a la familia en pleno no se le ocurre nada mejor que acoger en su seno a un par de jóvenes refugiados sirios, pero no para ayudarles a encontrar un ámbito de serenidad que les ayude a reponerse de las atrocidades vividas en la guerra y en la huida, es decir, para ayudarles a reconstruir sus vidas, sino para servir de esclavos sexuales y de animales de presa para combatir ese aburrimiento total en el que está sumido todo el grupo familiar.

En ‘Juegos para toda la familia’ se muestra con toda crudeza, sin pudor alguno, sin concesiones a lo políticamente correcto, los más bajos apetitos e inclinaciones perversas que pueden habitar en el ser humano que cree haber alcanzado un status de poder, que lo sitúa varios peldaños por encima del común de los mortales. El resultado es una fábula amoral que indaga en lo que se puede llegar a hacer cuando el hombre se despoja de todo código ético o moral en su relación con los demás, cosificándoles e, incluso, usurpándoles de su condición y dignidad humanas. El montaje consigue provocar un malestar profundo en el espectador, próximo a la náusea, muy parecido al de algunos filmes de Haneke -especialmente Funny Games (1997)-.

Arte y mensaje

David Orrico ha diseñado una escenografía fría y deslumbrante, que no hace dudar a nadie en ningún momento de la clase social y económica de sus moradores, y en la que domina el mármol en el acabado de todas las estancias. Paralelamente el espacio sonoro creado también por David Orrico, genera una sensación de inquietud, de violencia brutal, a veces contenida, que alcanza su punto más alto en el baile que intenta contagiar el hijo a los dos jóvenes refugiados. Y, por último, la luz de Lola Barroso (indirecta, fría, de tintes futuristas) incide en las mismas sensaciones que el director del montaje ha querido remarcar y transmitir al espectador.

Sería injusto no terminar glosando especialmente el gran trabajo actoral de todos los intérpretes. Comenzando por Daniel Jumillas, el Nene, personaje perverso, caprichoso, torvo, siniestro… Claro que ha aprendido muy bien las lecciones de Papá, un Miquel Insua que muestra en escena las tendencias masoquistas y homosexuales de su personaje. Y de Mamá, interpretada por Lola Manzano, mujer exigente, insolente, déspota y dominante. La Nana, que encarna Mercedes Castro, que se muestra dócil, obediente y reservada, aunque capaz también de sacar lo peor de sí misma, contagiada ya por la maldad de sus amos. Y, sobre todo, las interpretaciones desgarradoras, profundas y conmovedoras de las dos víctimas del jueguecito familiar: Lolo Diego y Ángela Boix (impresionante su conversación telefónica en árabe).

Sergio Martínez Vila completa con esta propuesta su disección radical de algunos de los tipos de maldad que pueblan nuestro mundo. Comenzó con los prostituidores en Periodo de reflexión; continuó con El fin de la violencia, intentando situar al espectador en el fin del espectáculo, el fin de la familia, el fin de la religión, el fin del lenguaje, el fin de la política; y, finalmente, este mismo 2017, también en montaje dirigido por Juan Ollero, En la ley, un pesimista montaje en torno al futuro que nos espera a la humanidad frente a todos los problemas ecológicos a los que nosotros mismos nos hemos abocado.

'Juegos para toda la familia'

Texto: Sergio Martínez Vila

Dirección: Juan Ollero

Reparto: Ángela Boix, Mercedes Castro, Lolo Diego, Miquel Insua, Daniel Jumillas y Lola Manzano

Escenografía, espacio sonoro y vestuario: David Orrico

Iluminación: Lola Barroso

Ayudante dirección Aitana Sar

Diseño cartel: Javier Jaén

Fotos: Laura Ortega

Producción: Centro Dramático Nacional

Teatro María Guerrero, Madrid

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