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CUP

> Su amenaza ha sido rechazada por el Gobierno, PP, C's y Podemos, pero también por ERC y la CUP

El bloque independentista catalán, formado por el PdeCAT, ERC y la CUP, lo es cada vez menos, dadas las profundas discrepancias a la hora de abordar su hoja de ruta. Aunque el 'paraguas' de la independencia ha logrado aunar sus voces en múltiples ocasiones, el devenir del 'procès' ha dividido, e incluso enfrentado, a las tres formaciones, ya que mientras unos exigen desobediencia y proclamación efectiva de la república, otros rebajan el tono y censuran los ultimátums. Es lo que ha sucedido después de que el presidente catalán, Quim Torra haya amenazado con la retirada de apoyos del independentismo al Gobierno de Pedro Sánchez en el Congreso, si no hay una propuesta para ejercer la autodeterminación en noviembre.

Los grupos de JxCat, ERC y la CUP, unieron sus 68 votos para aprobar la moción transaccionada que reafirma la resolución independentista del 9-N. La moción se aprobó pese a que los letrados del Parlament advirtieron a su presidente, Roger Torrent, de que el trámite de la moción contraviene las resoluciones del Tribunal Constitucional.

El diputado de la CUP, Carles Riera ha anunciado que su partido se abstendrá en la primera votación de investidura de Quim Torra, en rechazo a "una candidatura pensada para que el Estado la cepte y el Borbón la rubrique". Los anticapitalistas critican que JxCat y ERC no hayan "desobedecido al Estado para investir a Carles Puigdemont" y le recuerdan al "soberanismo hegemónico" que el único camino hacia la independencia y la república efectiva es "la desobediencia y la unilateralidad".

El presidente del PP, Pablo Casado, ha vuelto a pedir al Gobierno de Pedro Sánchez que "aplique la ley de Partidos para ilegalizar a los CDR y a la organización juvenil Arran", a quienes ha tachado de "kale borroka", en lo que ha llamado la "batasunización callejera". Casado ha reiterado que "los partidos políticos que promuevan, alienten o justifiquen la violencia pueden ser ilegalizados", y ha recordado lo ocurrido con Batasuna en 2002, "cuando algunos dijeron que iba a arder Troya y lo único que dejaron de arder fueron cajeros, marquesinas y papeleras por las calles".

> El agresor escribió una carta de despedida con tono de suicidio