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'Scratch': perplejidad, desconcierto, alucinación y genio
La angustia vital no nos abandona. Ahora hace mella también entre nuestros jóvenes, agobiados, derrotados, frustrados y obligados a emigrar en una España que se niega a sí misma. Nada es que no haya sido y que no será. Los castillos de naipes que nuestros jóvenes se han ido construyendo durante muchos años (jijí, jajá, carpe diem, etc.), de pronto, han caído también porque la ley de la gravedad -incluso la vital- es inexorable: o se acepta, o acaba destrozando a quien se niega a admitirla. Este es el tono de 'Scratch', un hermosísimo montaje que parte de un interesante texto de Javier Lara. El producto final, seguro que después de muchas horas de reflexión y trabajo entre las compañías Grumelot y Teatro en Tránsito, fue estrenado en Frinje’16 y ahora vuelve a los escenarios.
'Mamá', Eva y el doloroso camino hacia la madurez
Eva, una chica preadolescente, tiene que enfrentarse a la vida, unas veces al lado, y otras frente a su madre, que ahora padece un cáncer avanzado y, día a día, se debate entre la vida y la muerte. Esa intensa relación madre-hija, interpretada por tres actrices que representan otras tantas fases en el crecimiento de Eva (niña, adolescente y joven), es lo que se viene a contar en tres monólogos sucesivos, en 'Mamá', el primer proyecto escrito y dirigido por Sarah Lena, que ahora se representa cada martes en la Sala Lola Membrives, del madrileño Teatro Lara.
'Amor Fati o cómo llegué a operarme de glaucoma': recuerdos telescópicos
Interpretada por unos divertidos Cristina Bertol, Josep Maria Riera, Horten Soler y Montse Gabriel, acaba de estrenarse en la Sala Nave 73 'Amor Fati o cómo llegué a operarme de glaucoma', el primer texto de Yaiza Ramos, una comedia insolente y cínica, en un montaje muy dinámico que ella misma dirige. Se trata de un texto de autoficción -también, al parecer, con bastante de autobiográfico-, y con dosis de realismo y surrealismo a partes iguales en donde se cuenta cómo ve una adolescente (el alter ego de Yaiza Ramos) la fatalidad de descubrir que los malditos genes son los causantes del glaucoma que padece.
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