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Los dos novilleros triunfadores abrieron la Puerta Grande de Colmenar.
Los dos novilleros triunfadores abrieron la Puerta Grande de Colmenar. (Foto: Circuitos Taurinos)

Colmenar Viejo: facilonas Puertas Grandes para El Mene y Julio Méndez

Un novillero puntero y con mucho oficio, El Mene, y otro que está empezando y tiene buen corte, Julio Méndez, salieron en volandas por la Puerta Grande de Colmenar, sí, Pero sin llegar a emocionar ni a realizar las teóricas faenas que merezcan la salida a hombros: aprovecharon las bondades de sus novillos, y de la facilidad para sacar pañuelos de un público y un usía también fáciles. Y es que hay triunfos que no dejan nada, o casi nada, en el recuerdo, no sólo del crítico, sino, posiblemente de la mayoría de los espectadores, que, eso sí, se marchan contentos pensando haber amortizado el coste de la entrada cuando se han cortado cuatro orejas, cuatro. Aunque al local David López no le tocara ningún apéndice en la tómbola festiva de este domingo en Colmenar, lo cual no habla bien de su actuación.
El local Miguel de Pablo salió a hombros por la Puerta Grande del coso de La Corredera de Colmenar Viejo.
El local Miguel de Pablo salió a hombros por la Puerta Grande del coso de La Corredera de Colmenar Viejo. (Foto: Circuitos Taurinos)

Colmenar Viejo: Miguel de Pablo, a hombros, fue profeta en su tierra

Únicamente el diestro local Miguel de Pablo aportó algo de toreo en un plúmbeo festejo de casi dos horas y media de duración. El colmenareño, con el apoyo de sus paisanos y del palco, se entregó toda la tarde y en el último llevó a cabo una excelente faena. Lo que intentó Morenito de Aranda, que se estrelló ante un lote descastado, y con un Antonio Ferrera heterodoxo para mal, vulgar y a su bola. Al menos la otra tierra de toros, como fue esta localidad hasta hace un par de décadas, recuperó algo de tal catadura con la buena presentación general del encierro santacolomeño de Rehuelga, que después ofreció escaso juego.
Siempre atenta a defender la Fiesta hasta en detalles que pueden parecer nimios, pero que tienen importancia para el recuerdo y la memoria, la Asociación El Toro se cuestiona sobre la desaparición en el Hotel Victoria de una placa sobre uno de los más grandes coletudos de este siglo, el mítico Manuel Rodríguez 'Manolete'. Y, claro, pide explicaciones a quien hay que hacerlo: Elena Mónica Hernando Gonzalo, directora General de Patrimonio Cultural y Paisaje Urbano, y a Carlos Segura Gutiérrez, concejal Presidente del Distrito de Centro de Madrid, donde está ubicado este histórico hotel en el que tantos matadores se vstieron.
Uno de los redondos de José Fernando Molina a su segundo toro.
Uno de los redondos de José Fernando Molina a su segundo toro. (Foto: Alfredo Arévalo)

Las Ventas, corrida del 15 de agosto: Muy poco público y muy poco toreo

En la antitaurina gestión de la empresa venteña, siempre en contra del aficionado, hay que apuntar otro éxito en la tradicional corrida del 15 de agosto. Un festejo que hasta hace poco era atractivo por su terna o ganadería, con el resultado de muy buenas entradas, lo han convertido también en otro desafuero. Como el de este año con un cartel muy flojo y un horario, de las nueve de la noche que no invitaba a asistir. Y, claro, sólo se ocupó un tercio del aforo. Además, con un resultado artístico también muy flojo, del que sólo se salva, por los pelos, José Fernando Molina.
Méritos varios pero no suficientes para ganar el prestigioso Trofeo del grupo Celtiberia de Soria al mejor bicorne del reciente aboo ferial. Tal y como ha decidido, por unanimidad de todos sus miembros, el jurado calificador de la XXXVII edición compuesto por David Cordero, Francisco González, Juan Carlos Valero, Adolfo Sainz y Juan José Hernández.
Después del descanso –para un alto porcentaje de abonados– de los rejones, regresa la lidia a pie con uno de los carteles, sobre el papel, más infumables de la feria. Esto se nota en que, aunque la empresa anuncia el “No hay billetes”, se ven caras nuevas en los tendidos pudiendo, los más afortunados, estirar las piernas, pues el abonado que no ha conseguido colocar su entrada ha optado por no asistir a la plaza. Y la tarde ha cumplido con las expectativas: soporífero espectáculo que deja al descubierto las miserias de la pantomima en que quieren convertir los taurinos la Fiesta de los toros; la búsqueda del animal noble, sin poder y sin dificultades que permita a los toreros “expresarse”. Cuando en esa búsqueda te pasas de nobleza, de endeblez y de falta de casta acontece lo que se ha vivido en Madrid esta tarde. Mal presentado el encierro del Parralejo, sin trapío para esta plaza, cuya falta de fuerza y poder convirtió el primer tercio en un vergonzoso simulacro con la connivencia de empresa, profesionales y, especialmente, equipo gubernativo, que es quien ha de velar por los derechos del que paga. Sólo se salvó el sexto con algo más de movilidad y transmisión en el último tercio al que, sin más criterio que la búsqueda del aplauso fácil del paisanaje, se llevó Tomás Rufo a terrenos del tendido 5 y al que recetó una vulgar faena trapacera y acelerada; una centrifugadora de muletazos. El resto de la tarde, un compendio de pegapasismo, vulgaridad y destoreo protagonizado por el veterano Miguel Ángel Perera, plúmbeo como su traje de torear, y los jóvenes Fernando Adrián, incapaz toda la tarde, y el ya mencionado Tomás Rufo. Los tres, a la vieja usanza, deberían copiar cien o doscientas veces en un cuaderno la frase: “No es lo mismo torear que pegar pases”. Un buen par de Fernando Sánchez al tercero y poco más que contar.
Morante, por fin, tras casi tres décadas de alternativa y con 45 de edad, logró el sueño que tanto tiempo llevaba persiguiendo: con esas sus armas que ningún colega alcanza. O sea, con su toreo mágico, excelso, inspirado, de cante hondo, del que se graba en el cuerpo y alma de los afortunados espectadores, el que estremece las fibras sensibles. Como en esta corrida de Beneficencia, que al acabar llevaba al gentío también toreando calle Alcalá arriba y abajo. Con ganas de contarlo a familiares, amigos e incluso enemigos: “Yo estuve allí en esa tarde histórica”. El de La Puebla anduvo tranquilo y relajado desde que se abrió de capote con su primero cascabeleando cuatro verónicas, un delantal, tres chicuelinas y la serpentina de remate. Todo lo anterior es tan cierto como que él está muy por encima del resto de los coletudos. También que, ¡ay! , su lote, como los demás, lo componía ese animal posmoderno, colaborador, obediente, justo de casta y fuerza, e incapaz de emocionar. O sea, ese animal que Juan Pedro Domecq padre del actúal definió como toro artista. No menos cierto es que la petición de oreja tras sus dos faenas era indiscutiblemente mayoritaria, mas otra cosa son los méritos. Porque la de ese su primer ‘artista’, rematada con un buen espadazo, era de auténtico peso. Más discutible, en cuanto a méritos se refiere, es la que le posibilitó descerrojar la soñada Puerta Grande.
Samuel Navalón recibiendo de rodillas a su primer toro al salir de chiqueros.
Samuel Navalón recibiendo de rodillas a su primer toro al salir de chiqueros. (Foto: Alfredo Arévalo. Plaza1)

San Isidro: petardazo de los ¿toros? de Conde de Mayalde con el peor encierro de la Feria

Tiene (de)mérito y mucho. Porque a todo hay quien gana, incluso para lo malo. Y es que los bureles del hierro de Conde de Mayalde tenían todos los defectos que ustedes, lectores, puedan imaginar. Todos. No sólo su desigual presencia tirando a mala, no sólo su mansedumbre. No sólo su falta de la más mínima casta. No sólo. Porque a tanto desafuero, unieron una flojera tal que a poco de aparecer por chiqueros, ya estaban casi muertos, y eso que la suerte (desgracia) de varas fue un simulacro. O sea, la antítesis de la Fiesta: en vez de poderle al toro, cuidarle ¿...? Realmente el festejo fue un simulacro, una pantomima, una zaragata. Cuestión que a El Fandi se la trae al fresco, porque apoyado por el todopoderoso Matilla, seguirá pegando mantazos otros 25 años. Quizás per omnia saecula saeculorum. De modo que los perjudicados fueron los que podían ser sus hijos biológicos, Ismael Martín, que confirmaba doctorado, y Samuel Navalón, que intentan abrirse paso en sus incipientes carreras. Ambos, al menos, mostraron decisión y ganas de triunfo, amén de un buen concepto que fue imposible aplicar en Las Ventas, convertida en una pasarela de inválidos.
Fernando Robleño en su vuelta al ruedo en la tarde de su despedida.
Fernando Robleño en su vuelta al ruedo en la tarde de su despedida. (Foto: Alfredo Arévalo. Plaza1)

San Isidro: vuelta al ruedo para Robleño en su adiós con una pésima corrida de ‘adolfos’

Un torero cabal y honrado, que se ha hecho un hueco en su profesión lidiando siempre corridas duras con dignidad y sabiduría, un excepional lidiador, Fernando Robleño, no tuvo el adiós que merecía. No por parte del público, cariñosísimo en esta su última tarde en Las Ventas, sino por el pésimo encierro de Adolfo Martín, que ni a él ni a sus sufridos compañeros de cartel, Antonio Ferrera y Manuel Escribano, les permitió la más mínima opción de lucimiento. Los bicornes otrora tantas tardes triunfadores en Madrid, algunos de los de este sábado de reatas y nombres gloriosos en este hierro -aunque por desgracia hay que remontarse, y mucho, a tiempos anteriores a la pandemia, son ahora auténticas infamias con astas, animales sin un ápice de bravura ni casta, además de blandos que rayan la invalidez. Y para la cuadratura del círculo, vicioso, claro, con un trapío, o falta de él muy lejos de las exigencias de la cátedra y catedral de la tauromaquia, de los que sacan los colores a cualquier ganadero. Al menos permitieron ínfimos detalles a la terna, entre ellos algunos buenos naturales que Robleño le robó a Aviador, el de su despedida y que junto a la entrega del cotarro en recuerdo a su honradísima trayectoria le valieron para recorrer el anillo entre restallantes ovaciones.

Muletazo por bajo de Borja Jiménez al toro al que cortó una oreja.
Muletazo por bajo de Borja Jiménez al toro al que cortó una oreja. (Foto: Alfredo Arévalo. Plaza1)

San Isidro: oreja al gran toreo de Borja Jiménez ante un encierro nobilísimo y manejable de Jandilla

El triunfador de la pasada edición isidril, Borja Jiménez, mal colocado este año muy al final del ciclo, se reivindicó en la primera oportunidad con sus armas: disposición máxima, valor y, claro, lo más importante: toreo. Todo ello lo cascabeleó con percal y muleta en su lote, luciendo más en el primero con una faena de altos quilates pero con un feo espadazo en la rúbrica que dejó el premio en una oreja. Con un encierro muy colaborador de Jandilla con nobleza, calidad y la casta justa en tercero, cuarto y quinto, Castella se sintió motivado por el éxito del sevillano y mejoró mucho en ese cuarto en una de sus mejores actuaciones de las dos últimas campañas, lo que tampoco era muy difícil. ¿Manzanares, preguntan? Pues sigue de año sabático ajeno al compromiso profesional con el ‘pagano’ -léase público- y a la fiesta.
Alejandro Peñaranda en un pase por bajo a su segundo toro.
Alejandro Peñaranda en un pase por bajo a su segundo toro. (Foto: Alfredo Arévalo. Plaza1)

San Isidro: Peñaranda nos (se) libra de una borrachera de mantazos

La tarde había embarrancado en una continua lluvia, más bien tormenta, de horrorosas suertes (léase desgracias) con percal y pañosa. A punto del harakiri colectivo (léase deseando que acabase el suplicio), y en esto llegó Alejandro (Peñaranda), con el último de la función y, al menos, apuntó algo de ortodoxia, no mucha, pero por aquello del tuerto en el país de los ciegos hasta llegó a interesar y hasta le valió para una vuelta al ruedo que ojalá le sirva de ago. Ese último animal, el único con trapío (aplaudido de salida), ‘Navajero’ de nombre (con razón, porque lucía dos impresionantes navajas albaceteñas, por cierto la tierra, y la Escuela, en la que este conquense se ha formado) no era diferente a su hermanos en catadura: muy mansos, blandos, ajenos de codicia pero con cierta fijeza y movilidad sin clase. Y el coletudo, que confirmaba doctorado, lo aprovechó a medias. Lo que no lograron Manuel Escribano y Joselito Adame, quienes emborracharon de trapazos a los de su lote.
Gómez del Pilar comenzó su faena al quinto, premiada con una oreja, doblándose por bajo.
Gómez del Pilar comenzó su faena al quinto, premiada con una oreja, doblándose por bajo. (Foto: Alfredo Arevalo. Plaza1)

San Isidro: la casta exigente regresa a Las Ventas con José Escolar

La auténtica Fiesta de los toros, no la adulterada que nos venden los taurinos profesionales que la manejan y manipulan, lució este martes de nuevo en La Monumental. Y lo hizo merced a los bureles que nos trajo un ganadero a la antigua usanza, José Escolar, siempre fiel a sus principios de buscar el toro auténtico. El que vende cara su vida y pide a los coletudos el carnet de valor y conocimiento. No siempre lo consigue el bueno de Escolar, claro, tampoco esta tarde en los seis que trajo a la feria, mas cuando algunos de sus animales son protagonistas por estar adornados con la casta verdadera, es un gozo para los espectadores, no tanto para sus antagonistas, salvo los que aúnan esos redaños y ese saber no exento de sabor. Como, por ejemplo, Gómez del Pilar, único de la terna, que completaban Esaú Fernández y Miguel de Pablo, que estuvo a la altura de las exigencias de su lote, sobre todo de 'Calentito', su segundo, al que cortó una oreja de mucho peso. De verdad de verdad de la buena. Y olé.






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